9 de agosto de 2011

La autoridad en educación

La autoridad en educación
José Antonio Luengo



Publicado  eAutoridad, disciplina y educación. Tres palancas del entorno escolar.        Págs. 37-44. El Corte Inglés, 2012.


La autoridad del profesor es imprescindible en el desarrollo de un sistema educativo de calidad y, por ende, en la ejecución de buenas prácticas en el día a día de nuestras aulas. A continuación se exponen algunas ideas que soportan la construcción de un buen modelo de autoridad del profesor en la escuela del siglo XXI. Y de un buen modelo de adulto implicado en la educación de nuestros niños y adolescentes en el siglo XXI.

1. Un buen ejemplo de autoridad del profesor solo puede concebirse, por encima de todo, como un modelo de ser y estar con uno mismo y con los demás. Una forma de estar con uno mismo, de exigirse, prepararse, implicarse; de saber dar, de querer dar. Una forma de comportarse con los demás que prima la flexibilidad, la amabilidad, el afecto, el respeto y las expectativas positivas de los resultados a conseguir. Un modelo que pasa por saber mirar, hablar y comunicar, preocuparse por el otro y tener siempre una palabra de aliento en el disparadero. Calma y actitud optimista son sus herramientas fundamentales, las troncales.

2. Debe entenderse en el contexto del ejercicio de habilidades, destrezas, aptitudes y actitudes que favorecen la actividad imaginativa, creativa y crítica de sus alumnos. Pero esto no es posible sin la oportuna dosis de esfuerzo y diligencia en su tarea cotidiana, valores que han de ser inherentes al propio comportamiento del profesor en su quehacer diario, en su modelo de estar y trabajar con sus alumnos.

3. Y, claro, un buen ejemplo de autoridad del profesor ha de promover, asimismo, el esfuerzo, la disciplina, el autocontrol y la automotivación en el alumnado con el que se trabaja. Resulta impensable comprender sin esforzarse, aprender sin disciplina, crecer sin automotivación. En el proceso de enseñanza-aprendizaje que se desarrolla en los centros educativos entiendo imprescindible trabajar específicamente este tipo de valores con los alumnos. Todo ello sin perjuicio del necesario caldo del cultivo que padres y madres han de habilitar con el ejercicio saludable de instauración y desarrollo de rutinas y hábitos con sus hijos.

4. Un buen ejemplo de autoridad del profesor implica también saber. Por supuesto, conocimiento esencial y adecuada formación continua. Adecuado manejo de las disciplinas y contenidos curriculares y de las destrezas didácticas y pedagógicas esenciales. Capacidad para trasmitir, generar interés y motivación. Implica el desarrollo de habilidades y competencias didácticas. Aquellas que son capaces de captar la atención, de habilitar adecuadas dosis de concentración en aquellos con quien se trabaja, para los que se trabaja. En aquellos que ven construir, con sus aun endebles ladrillos conceptuales, un mundo con sus tiempos, normas y procedimientos. Un mundo que puede ser entendible y, por supuesto, mejorable. 

5. El buen ejemplo de autoridad del profesor implica, inexcusablemente, dosis altas de ilusión por lo que se hace, por lo que se cuenta y explica, por lo que se dice. Ilusión que se palpa en el ambiente, en cada palabra, en la forma en que se abordan los contenidos, incluida la propia relación con los alumnos, el interés por lo que entienden y capturan, por lo que incorporan en sus mentes y corazones. Trasmitir ilusión, energía. Interés.

6. La buena autoridad del profesor no puede ni debe estar reñida con la trasmisión de afecto, de preocupación e interés por la persona, no solo por el alumno con el que trabajamos diariamente. Detrás de cada alumno hay una persona con muchas dudas. Y que suele confiar en los adultos con los que convive y mantiene relaciones significativas. Mucho más de lo que nos parece. Y mucho más de lo que ellos son capaces de expresar con palabras. Un alumno que crece, recordémoslo, sobre la base de la confianza en los que nos cuidan, educan, protegen y enseñan. La seguridad emocional como eje del recorrer las vidas que nos toca vivir. Esa es la herramienta básica. Y el profesor, desde su autoridad, ha de contribuir sensible y notablemente a la construcción sólida de aquélla, germen de la identidad sustantiva del que crece. Su as en la manga, el ¡tú puedes, confío en ti! NUNCA olvidaremos a aquel profesor que supo acercarse a nosotros cuando fallamos, cuando no supimos. Aquel que nos miró y acertó a darnos la mano, el abrazo sosegado. Levantarse es más fácil cuando te ayudan.

7. En este modelo de autoridad que estamos intentando describir, el coleguismo (perdón por la patada al diccionario) no tiene demasiada cabida. No funciona ni a corto ni a largo plazo. Tampoco a medio, claro. Este tipo de relación entre profesores y alumnos representa una suerte de derivada perversa del ser-amigo-de-nuestros-hijos. Tampoco funciona, ni mucho menos. Provoca confusiones indeseables, vías de comunicación y resolución de conflictos escorados desde su origen. Las cosas en su sitio, nosotros en el nuestro y cada uno en su papel. Nos jugamos demasiado en el día a día. Y lo que aportan padres y educadores no puede situarse en la misma órbita de influencia de las relaciones entre amigos e iguales en general.

8.  Un buen ejemplo de autoridad del profesor en el siglo XXI sitúa el trabajo de este en un papel esencial de mediador entre los muy diferentes espacios y rutas para el conocimiento existentes en la actualidad y en claras vías de expansión y desarrollo en los próximos años. Las incorporación de las TIC como hecho y vivencia nuclear en la vida de nuestros niños y adolescentes y su aplicación al mundo de la práctica educativa dibujan un escenario docente en el que la mediación entre los diferentes conocimientos disponibles (y son, más que nunca, incontables) ha de convertirse de manera específica en el eje vertebrador de las acciones del profesor. El acceso de niños y adolescentes al mundo del conocimiento (en sus muy diferentes ámbitos) a través de la Red y las TIC en general (existen, por ejemplo, videojuegos de gran poder didáctico) es inconmensurable. El papel del profesor y el ejercicio de su autoridad como docente y educador debe incardinarse en este marco interactivo en el que no solo el uso, sino especialmente la creación inteligente de contenidos y el manejo creativo de los mismos puede situarnos en la sociedad del conocimiento que todos realmente deseamos.

9. Un buen ejemplo de autoridad del profesor se construye y gana en el día a día, a través del esfuerzo, de las aptitudes y actitudes desplegadas, de los valores inherentes a la persona que ejerce esa autoridad de saber y de saber estar con los demás. Difícilmente se otorga desde el exterior. Por imposición y catálogo. Pero no es menos cierto que hay determinadas cosas que contribuyen a favorecer un clima de respeto hacia la autoridad del profesor (al menos del modelo del que hablamos aquí) que, sin duda alguna, pueden contribuir a mejorar el escenario relacional entre adultos y alumnos que es de referencia. Por una lado (1), el modo en que padres y madres (y el entorno social en general) hablan de y tratan  la institución docente. El modo en que la consideran, la respetan y la interiorizan como esencial en la educación y formación de sus hijos. El valor que atribuyen a su función, el modo en que creen en los profesores y su influencia. No vivimos tiempos buenos en este ámbito. Negarlo es una necedad. Y las cosas no están como para tirar cohetes si pensamos en cómo resolver esta situación. Es imprescindible invertir la tendencia. Y, para ello, somos necesarios todos. Pero también los propios profesores, todos nosotros, con nuestras actitudes diarias, nuestro modo de proceder, de abordar el día a día, con nuestra manera de habilitar la relación con los padres y la comunidad educativa en su conjunto. No sería desdeñable tampoco una reflexión por parte de nuestros medios de comunicación. A lo largo del día son incontables, la gran mayoría, las experiencias exitosas del hecho educativo. Alguna que otra vez sería bueno ver su relato en las pantallas televisivas o en la prensa escrita. Buenas prácticas, buen trato, éxito para todos, incluso en escenarios altamente desfavorecidos. Esto lo consiguen no pocos centros, no pocas comunidades educativas, no pocos profesores, padres y alumnos. Por otro lado (2), tampoco hay que desdeñar las iniciativas legislativas que pretenden poner negro sobre blanco la necesidad en esta materia.  No son la única herramienta, pero ayudan. Así lo creo, sinceramente. En la convivencia no puede valer cualquier cosa. Y las normas no sobran. Todo ello sin perjuicio de considerar sin ambages ni recovecos que la convivencia pacífica y respetuosa se construye en el día a día, con adecuados MODELOS de trato y relación, con la escucha activa y la resolución dialogada de los conflictos.
           
            10.  La autoridad del profesor se gana, sí. Se construye, también. Pero se asienta en gran medida en el modelo de autoridad, trato, relación y respeto que se desarrolla en el entorno familiar. No es una exageración desvelar que en estos últimos treinta años se ha producido una modificación sustancial de las condiciones que afectan a la educación de los hijos. Y, probablemente por la incuestionable influencia de un mundo que camina a pasos agigantados hacia la prisa permanente (lo estamos ya, en realidad) y la completa e inexorable ocupación del tiempo en actividades desarrolladas fuera de nuestras casas, las cosas han cambiado mucho, en especial, las prioridades educativas, el qué, cómo, por qué, para qué y cuándo hacemos con nuestros hijos, el relativismo y tibieza de gran parte de los referentes utilizados en los modelos de gestionar el día a día en su educación o el tiempo que les dedicamos. Algunos ejemplos muy próximos de lo que decimos, el tiempo (excesivo a veces) que pasan muchos niños y niñas de corta edad en servicios de atención a la infancia, la carga de actividades extraescolares a la que asimismo se les somete, las condiciones desequilibradas en que niños y adolescentes organizan sus tiempos y actividades (actividad física y deporte, uso de TIC, ver TV, tareas escolares, relación con otros miembros de la familia…), el uso desmedido de la habitación personal (su auténtico sancta sanctorum) como espacio para el ocio y divertimento y, en no pocas ocasiones, para la relación con otros en el mundo virtual…

Javier Elzo define con mucho acierto y pocas palabras lo que él denomina “tesis de la socialización” para explicar los comportamientos de adolescentes y jóvenes en la sociedad actual. Los jóvenes de hoy, dice, se socializan más por experimentación que por asunción crítica de los proyectos heredados de los agentes tradicionales de socialización. En primer lugar porque estos (familia, escuela, Iglesia, etc.) o bien tienen poco predicamento entre los jóvenes o no tienen predicamento que ofrecer y, en segundo lugar, porque han surgido nuevos agentes de socialización (nuevos por no existentes anteriormente o nuevos por el diferente peso que han adquirido) que entran en competición con los agentes tradicionales. Las TIC son un buen ejemplo de lo que estamos diciendo. Los últimos acontecimientos ligados a las redes sociales y su tremendo poder de convicción y “contagio” son un referente claro.

El papel de la educación familiar no puede delegarse. Ni obviarse. Ni olvidarse. Resulta imprescindible en la generación de hábitos saludables de relación, de compromiso, de interés por lo que nos rodea, actitud y ganas por estar, por ser, por hacer y crecer. Y es imprescindible crecer en contextos con autoridad y referentes, esto es, en contextos donde se proporcione de manera razonable afecto incondicional, cuidado atento y disciplina consistente y normas claras (Aguado, M.J., VVAA, 2010, pág. 56). Es imprescindible madurar con guías y límites, estímulo y valores, con ilusión y respeto, optimismo y actitud positiva. Es en este contexto en el que nacen y desarrollan principios elementales de autodisciplina, valoración de los demás, de escucha, solidaridad, empatía y esfuerzo personal.

Cuando en la vida vale todo, enmudecen los valores importantes, a saber, los que nos hacen sonreír, ayudar, querer, comprometernos, ilusionarnos, crear, levantarnos cuando tropezamos, respetar y respetarnos. La mayor parte de padres y madres saben lo que tienen que hacer. No es necesario realizar alardes. Educar con actitud, calma, cariño, respeto y referentes claros. Y alegría. Y esfuerzo.


Algunas habilidades del buen profesor. Ganarse la autoridad desde el prestigio:

(Aportaciones de las alumnas y alumnos de la asignatura de Técnicas
 de Comunicación y Asesoramiento para Técnicos de Educación Infantil) 

Curso 2011-12

- Respeto
- Flexibilidad
- Paciencia
- Comprensión
- Trabajo
- Equlibrio
- Esfuerzo
- Dedicación
- Tolerancia
- Empatía
- Cariño
- Apoyo
- Sentimiento
- Criterio
- Autocontrol
- Interés
- Conocimiento
- Alegría
- Dinamismo
- Creatividad e imaginación


2 comentarios:

  1. LA AUTORIDAD DEL PROFESOR.

    En mi opinión un buen ejemplo de autoridad en el profesor está implícito en aquellos profesionales, qué influenciados por el contexto social multirracial presente en un sin fin de aulas actualmente, desarrollan y presentan, ante su alumnado, una educación intercultural, la cual persigue que se lleve a cabo una educación común para las diferentes culturas que forman actualmente nuestra sociedad.

    La buena autoridad del educador está presente al mostrar, como valor implícito en él, su capacidad de comprensión, teniendo una actitud de acercamiento a su grupo y mostrando confianza en ellos, lo cual conlleva a que presente un espíritu democrático, teniendo la habilidad de hacer sentir a todos los miembros del grupo iguales.

    Para ello debe poseer la capacidad de ponerse en el lugar del otro, saber escuchar y hacer saber al contrario que está siendo escuchado y entendido, pero para que se produzca dicho entendimiento, el maestro debe de poseer la capacidad de comunicarse con las personas y poder acercarse a su alumnado como hemos mencionado anteriormente, mostrando interés y conocimiento por las diferentes culturas presentes en los miembros de su grupo.

    Para que se lleve a cabo el desarrollo de la educación intercultural, el maestro debe ser transparente, honesto y sincero, sabiendo controlar sus propias emociones y teniendo una visión objetiva de la realidad, dejando al margen tanto las propias creencias religiosas como políticas, que aun no compartiéndolas es licito respetarlas.

    Como se menciona en el blog, la autoridad del maestro implica poseer un conocimiento esencial y una continua formación, por lo que en este caso, nuestro contexto social induce a dichos maestros, cuyo principio fundamental de autoridad es desarrollar una educación intercultural, a formarse en las distintas raíces y creencias de su grupo, mostrando al resto de los alumnos tanto las similitudes como las diferencias que los unen a todos como iguales en un mismo grupo.

    En conclusión y desde mi punto de vista considero fundamental para la buena autoridad del maestro, que muestre interés por cada uno de los intereses que muestran sus alumnos buscando un punto de equilibrio que desemboque en la unión del grupo y cuyo fin es perseguir un único objetivo, la educación.

    Por: Tamara Coca González.

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  2. Alumna: ¿Qué es la autoridad?


    La autoridad es una manera de comportarse, bien sea por parte del que educa como por parte del que recibe esa educación.
    Es una actitud en el que indistintamente unos u otros quieren dejar claro en el “escalón” que cada uno se encuentra. “Escalón” llamo al trato, al respeto y a la relación que uno puede llegar a tener o no tener por ambas partes.


    Dentro de esa manera de ser englobamos que el que tiene la autoridad tiende a poner normas, limites… de lo que se puede y no se puede hacer, siempre desde el punto de vista que el/ella tiene el poder y que lo que digan así se hará. Este tipo de personas nunca llegan a preguntarse si la otra persona esta de acuerdo o no y tener autoridad no quiere decir no poder escuchar a la persona o personas a la que se dirigen, ya que se puede tener autoridad y también hablar con los demás, e incluso no se pierde la autoridad por poner las normas todos juntos, con la colaboración del resto, para así poder dar la palabra a las demás personas.


    Yo creo que muchas veces se confunde autoridad con imposiciones, dar ordenes…y nunca debemos olvidar que aun teniendo autoridad puedes acercarte a las personas y conocer que les motiva, que les ocurre cuando las ves que no están bien, hablar con ellas… y no por ello se pierde esa autoridad de la que muchos se aprovechan desde el punto de llegar a pensar “tengo la sartén por el mango…” y NO es así, autoridad no significa poder hacer lo que quieras ante esa persona simplemente el que toma el mando de autoridad es la persona que se encarga de que todo vaya bien y que todo se este cumpliendo como debe ser, digamos que de encaminar al grupo.

    Por: Laura Álvarez Botello

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