12 de julio de 2021

La necesidad de los programas para la prevención de la depresión (y suicidio) en los centros educativos

José Antonio Luengo


Las cifras de la depresión en el mundo suponen un hecho incontestable. Y dramático. Y España no es ajena a esta realidad. Hablamos de  un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. Según datos publicados por la OMS, la depresión afecta en el mundo a aproximadamente 300 millones de personas, un 4,4 % de la población mundial. El estudio, presentado en febrero de 2017, sitúa a España con un 5,2%, en torno a 2.400.000 personas afectadas por esta enfermedad.  

Hace solo cinco años, la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente alertaba de que casi uno de cada diez adolescentes españoles sufre depresión, un mal que también afectaría a un 2% de los menores entre 6 y 12 años. Datos más recientes no se mueven mucho de lo señalado por los especialistas en 2012. Según los últimos informes y estudios de prevalencia e incidencia, el Trastorno Depresivo Mayor (TDM) tiene una prevalencia del 2% en preadolescentes, sin diferencia de género, y de entre el 4 y el 8% entre adolescentes, siendo más prevalente en mujeres (1:2). El riesgo de depresión se multiplicaría por 2/4 después de la pubertad, sobre todo en mujeres y la incidencia acumulada al llegar a los 18 años podría alcanzar el 20%. Así las cosas, señalados suficientemente los datos y la sintomatología, han de resaltarse asimismo las profundas relaciones entre depresión y suicidio

Depresión y suicidio 

Por un lado, no ha de perderse de vista que el suicidio se relaciona con una gran variedad de trastornos mentales graves y, en el caso de la depresión, el riesgo es 21 veces superior a la población general. La tasa de prevalencia del suicidio en España está en el entorno del 6,5-7 por 100.000 habitantes. Esto significa cerca de 10 muertes por suicidio cada día, la primera causa de muerte no natural. A ello hay que añadir que el suicidio es la tercera causa de muerte en el grupo de edad de entre los 15 a los 29 años, superado sólo por las causas externas de mortalidad y los tumores, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística. En los últimos datos disponibles se pone de manifiesto que 309 niños y jóvenes menores de 30 años se quitaron la vida, lo que supone un 7.77% del total de víctimas del suicidio.


La necesidad de actuar ya: los programas de prevención

En cualquier caso, la gravedad de la situación no debería admitir tibiezas ni dudas. Representando un hecho especialmente preocupante las características de la atención en salud mental a la infancia y la adolescencia en nuestro país (no solo cómo y cuánto se trata sino del porcentaje de casos de riesgo que pasan por recibir atención), parece existir suficiente acuerdo entre los especialistas en que la solución no pasa por el tratamiento en salud mental, como fórmula maestra para resolverlo todo, incluido el riesgo del comportamiento suicida entre adolescentes que, en nuestro país, se sitúa entre 1 y 2 por cada 100.000 habitantes. La solución ha de pasar, inexcusablemente, por tomarse en serio el diseño e implementación de programas de prevención de la depresión, especialmente en centros educativos, y, con ello, también en buena medida, de los comportamientos suicidas. 

La solución no pasa, es evidente, por seguir mirando hacia otro lado y resolver cualquier diatriba con la conocida argumentación del complejo paso por la adolescencia. No es infrecuente que muchas dudas se resuelvan de este modo en entornos no especializados. Este argumento puede entenderse (la adolescencia no es un momento sencillo del desarrollo), pero no es suficiente (solo rasca, a veces imprudentemente, la realidad). No es suficiente, ni mucho menos, para atender (más bien limita significativamente la atención porque banaliza el problema) con la adecuada contundencia que nos muestra la tozuda realidad: niños y adolescentes sin la adecuada atención preventiva de trastornos  del estado del ánimo, de ansiedad y de naturaleza emocional en nuestros centros educativos.

Los centros educativos, hoy, son entornos demasiado susceptibles y permeables a un flujo de influencias en la vida de nuestros niños y adolescentes (muchas de ellas notoriamente nocivas), que no derivan de la relación ordinaria entre personas (de diferente edad y entre pares) y del aprendizaje que lleva miles de años operando como herramienta esencial en la configuración de modos y maneras de interpretar la vida, de responder a sus demandas, y de actuar también en ella, de modo proactivo. El acceso a través de las TIC de niños y adolescentes a una amplia red de influencias nocivas y poderosamente penetrantes, sin control o gestión por parte de los adultos, supone hoy en día, a diferencia de lo que hemos conocido hasta hace muy poco, un espacio de riesgo nada despreciable que puede afectar de modo muy preocupante a sectores vulnerables de la población entre 8 y 15 años y condicionar de manera sensible su salud. De especial interés resulta la investigación Concurrent and Subsequent Associations Between Daily Digital Technology Use and High-Risk Adolescents Mental Health Synptoms (2017).
Contamos con evidencia científica sobre proyectos y programas que funcionan. De especial interés es, sin duda, la revisión de Programas para la prevención de ladepresión en niños y adolescentes elaborada por Sánchez-Hernández, Méndez y Garber (2014). En el citado trabajo se resalta la necesidad de invertir en programas de intervención para la prevención de la depresión en adolescentes y jóvenes en general y aumentar las investigaciones en el ámbito español, en particular, dados los efectos positivos a nivel personal y social mostrados por la investigación científica.

Porque no podemos perder la oportunidad de habilitar vías y procesos para que los sistemas educativos encuentren la fórmula para desarrollarlos en los centros educativos, con la participación de los profesionales, adecuadamente formados, que se estimen necesarios. En este sentido, sin perjuicio de la intervención de otros profesionales, la figura del psicólogo educativo, inexistente en la actualidad, debe alcanzar un valor singular. 







18 de diciembre de 2020

Próximas elecciones Colegio de la Psicología de Madrid

 Elecciones #COPMadrid 2021. Perfilamos un proyecto de futuro para una profesión de presente. Y lo hacemos queriendo conocer tu opinión. Cuéntanos. #PsicologiaMadrid_avanzamos #psicologia



31 de octubre de 2020

Conversaciones sobre el porno y los adolescentes (2)

José Antonio Luengo Latorre

 

Casi 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía, a la que acceden por primera vez a los 12 años. Así de contundente. Así de claro. Así de inquietante y perturbador. Esta afirmación inicial podría ser el titular de una realidad, analizada y estudiada, como siempre, con el rigor científico adecuado por Save the Children.


Así lo revela el informe “(Des)información sexual: pornografía y adolescencia¨que elaborado por la citada Organización para estudiar el consumo de contenidos sexuales entre la población adolescente y su impacto en sus relaciones y su desarrollo. Un informe de obligada lectura y reflexión. Y, lo que entiendo sustancial, de necesaria aplicación práctica cuanto antes. Hace poco más de un año escribía en este blog un conjunto de reflexiones en la entrada “Conversaciones sobre el porno y los adolescentes”. Y empezaba así: “Nuestra sociedad, al menos la occidental que nos acoge y en la que habitamos, vive una era de hipersexualización. Que afecta a todos y todas. Adultos, por supuesto, pero también a los niños, niñas y adolescentes; en relación a estos últimos, hacemos referencia especialmente a la adquisición y desarrollo de comportamientos sexualizados en edades absolutamente inadecuadas y filtradas por toda una suerte de manejos y objetivos puramente comerciales y de negocio ominoso. Y con efectos indeseables y especialmente preocupantes”. 

 

Entre otras cuestiones, el post de agosto de 2019 hacía referencia a la investigación  “Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales” impulsada y promovida por la red de entidades no lucrativas Jóvenes e Inclusión y apoyada por Carmen Orte Socias y Lluís Ballester Brage, del Grupo de Investigación de Familia de la Universidad de Illes Balears, y desarrollada durante el año 2018. Para el mismo, se encuestó a 2.457 jóvenes españoles, entre 16 y 29 años, hombres y mujeres, de 7 Comunidades Autónomas y con diferentes perfiles en función de la orientación sexual e identidad de género, nivel de estudios, etc., con el objetivo esencial de dar evidencia científica a diversas hipótesis sobre juventud y pornografía publicadas en los últimos quince años en la comunidad científica.

 

El informe de Save the Children al que me refiero en este post nos muestra un panorama, como ya se ha detallado, sobrecogedor. “El abuso del consumo de material pornográfico da lugar a prácticas peligrosas, violencia y desigualdad entre la población adolescente. Por ejemplo, el 27,1% de las chicas no sabe identificar prácticas de riesgo como la ausencia de preservativo. Del mismo modo, casi la mitad de la población adolescente afirma no utilizar siempre métodos de protección y el 13,7% no lo hace nunca o casi nunca.  El 13,8% de los y las adolescentes que han visto pornografía han entrado en contacto, al menos una vez, con una persona desconocida con fines sexuales a través de internet. Esto supone un alto riesgo de sufrir violencia online e incluso física (en caso de encuentro real, los y las adolescentes pueden sufrir abusos o una agresión sexual). No podemos permitir que los contenidos sexuales sean la única fuente de información sobre sexualidad para los y las adolescentes. La pornografía se ha convertido en profesora y consultorio de sexualidad para los y las adolescentes ante la falta de información que reciben y es muy preocupante cómo está impactando en sus relaciones y su desarrollo”. 

El contenido del estudio de Save the Children viene acompañado de otros dos materiales excelentes: (1) “Testimonios sobre el consumo de pornografía” y, (2), una Guía de sensibilización para familias, de muy útil contenido para padres, madres y profesorado.

En mentes en pleno proceso de maduración sobre la interpretación y sentido de las relaciones afectivas y sexuales, el consumo de pornografía puede generar confusión en cuanto a roles a asumir, ideas erróneas sobre el funcionamiento sexual, propensión a la imitación del tipo de prácticas observadas... En los contenidos pornográficos habituales los roles de hombres y mujeres están anclados en la desigualdad invalidante, la violencia, la humillación , las vejaciones, el machismo lacerante, la distorsión de las experiencias, la idealización de cánones estéticos, formas, cuerpos, tamaños, experiencias… Y, por supuesto, la normalización de conductas de riesgo. Podemos seguir mirando hacia otro lado. Pero nos equivocaremos. Como nos hemos equivocado de manera flagrante en la consideración de la necesidad de la educación afectivo sexual de nuestros niños, niñas y adolescentes. Los efectos de este consumo (tan evidente para cualquiera que se atreva y sea capaz de aguantar la mirada a la evidencia de los datos y la investigación) llevan ya algunos años dejando girones de piel de profundo y dramático impacto en las relaciones interpersonales entre chicos y chicas cuando ronda, crece y se expande la necesidad fisiológica y psicológica por descubrir las claves de esa desazón que mueve y conmueve su mente, su alma. Y su cuerpo, claro. 


El momento es el que es. A las ideas ya reseñadas de mundo hipersexualizado, sexualización de la infancia y banalización de las conductas sexuales violentas y de riesgo, contribuyen sin duda contenidos televisivos que son mostrados sin ningún tipo de filtro, envueltos en el celofán de éxito fácil basado en mostrar los cuerpos, trivializar las relaciones y arrinconar la mente y el corazón. “Islas cargadas de tentaciones”, hombres y mujeres que giran en torno a “tronismos” y “viceversas” se convierten en escaparates de la zafiedad y el burdo espectáculo. Añadamos a este cóctel al que acceden nuestros preadolescentes y adolescentes (aunque no solo, claro) la penúltima moda que ha saltado a la luz y que será fuente de numerosos y turbadores procesos de imitación. Sin más. 

El fenómeno “Only fans”. Aprovechando un titular de un programa de TV integrado en la emisión de una nueva serie sobre adolescentes, educación y centros educativos, ¿quién educa a quién?, debemos plantearnos esta pregunta con seriedad. ¿Lo hacemos nosotros, los adultos? ¿Aun con dudas y temores? ¿O preferimos que se informen sin más en los turbios contenidos porno de la red? “Este es el contexto. Tenemos que actuar. Y existen muchas fórmulas, adaptadas, sin duda a valores, singularidades, modos de ver la vida y la sexualidad. Pero no parece razonable permanecer aislados de esta realidad”.

14 de septiembre de 2020

COVID-19 ¿Tendremos tiempo para hablar con los chicos sobre lo vivido?

 José Antonio Luengo Latorre y Raquel Yévenes Retuerto

El comienzo del presente curso escolar supone un reto sin precedentes. Se mire por donde se mire. Un reto con dificultades hasta ahora nunca vistas, nunca previstas. Nunca pensadas. Porque nunca pensamos que nos pasaría lo que nos ha pasado. Porque nunca pasó por nuestra imaginación que nos veríamos sometidos como sociedad a un proceso de confinamiento que tantas y tantas secuelas han dejado a su paso. Y seguirá dejando.

Secuelas relacionadas con el profundo dolor de las pérdidas, secuelas relacionadas con la enfermedad y la salud en general, incluida, por supuesto, la salud mental. Y efectos también, claro, en el desarrollo económico del país y en las posibilidades de estabilidad de muchas personas. De muchas familias que a partir de este momento han perdido el sustento familiar y comienzan una nueva etapa incierta, sin seguridad alguna.

Pero las secuelas a las que nos referiremos en este conjunto de reflexiones tienen que ver con las consecuencias de todo lo experimentado en la vida de nuestro alumnado. En el conjunto de nuestros niños, niñas y adolescentes que, de la noche a la mañana, nunca mejor dicho, vieron cómo sus escuelas se cerraban a cal y canto y tenían que aprender a convivir con la idea de quedarse en casa, para lo bueno y para lo malo, alejados de los madrugones para llegar a tiempo a clase; alejados también del bullicio de las entradas y salidas, de las clases, de los recreos, de la vida en los pasillos y en el patio. Y aprendiendo a transitar (más allá de la cercanía de los familiares) en un espacio sin personas con las que andar, sentarse, reírse, enfadarse, despedirse y reencontrase. Sin la complicidad del banco en el que estar y charlar; sin los empujones y abrazos, las sonrisas a medio metro de distancia… Sin la mirada cómplice.

Una experiencia, también, de procesos de enseñanza y aprendizaje marcados por la inseguridad de qué tendrían que hacer y cómo, a quien recurrir ante el desconcierto,   la relación en las redes, la mirada escudriñadora y curiosa de la pantalla del ordenador y la duda de si serían capaces de salir de esta con éxito.

Nuestros alumnos y alumnas no lo pasaron bien. En general, vivieron esta historia con una más que aceptable capacidad para adaptarse a lo incomprensible. Pero todo esto les provocó dudas e incertidumbres. Zozobras y miedos. A unos más que a otros, claro está. Pero hablamos en general.

Pasado ya el verano y esas vacaciones estivales tan extrañas y confusas, la maldita pandemia nos ha vuelto a golpear. De manera diferente a cómo se desplegó a finales de febrero y principios de marzo, dicen. Pero ha vuelto a enseñar los dientes. Esa faz ominosa y oscura que abruma, asusta y, en ocasionas paraliza. Ha vuelto a aparecer, lo cierto es que nunca se fue, aunque intentamos no percatarnos en un verano que todos necesitábamos, y han vuelto a aflorar las interminables listas de problemas, peligros, dudas y alarmas. Han vuelto a surgir las temidas noticias sobre número de contagios, curvas de datos, informaciones contradictorias que no hacen más que confundirnos… lo que sabemos que nos pasa y lo que nos dicen que puede pasar. Informativos con mascarilla. A veces, ni entendemos bien lo que nos dicen…

Y ahora todos miramos a las escuelas como el espacio nuclear en el que todo puede pasar, en el que todo va a pasar. Después de un verano de laxitud irresponsable, ahora toca, como casi siempre, mirar hacia los lados y ver qué ocurre con los millones de niños, niñas y adolescentes que se están incorporando a sus aulas con las peculiaridades de un proceso lastrado por la suspensión durante un cuatrimestre de la actividad lectiva presencial y de un comienzo de curso cercado y marcado por las cifras, datos y “curvas”, las pruebas PCR y las medidas sanitarias de seguridad.

Volvemos también con la idea recurrente de la “pérdida” de aprendizajes como consecuencia del cierre de los centros educativos por la alerta sanitaria. Volvemos con el paradigma de la duda sobre el coste que tendrá en esta “generación de la pandemia” el tránsito por una actividad lectiva no presencial. Y coste, seguro, tendrá. Especialmente, aunque no solo, para las poblaciones vulnerables. El poder compensatorio de la escuela física viva y convivencial para muchos niños y niñas en situación desfavorecida, representa una garantía puesta en quiebra sin la actividad relacional cotidiana, sin el cuidado y atención de la presencia y las distancias cortas entre el profesorado y el alumnado.

Pero, atendiendo a aspectos curriculares y de “rendimiento” académico, siendo lógico preguntarse por “cuánto habrán perdido” nuestros alumnos y alumnas o cuál será el “coste real” de ese inquietante lastre, no es menos importante cuestionarse qué vamos a hacer en los centros educativos, una vez recuperada la presencialidad, para abordar el complejo proceso emocional experimentado durante estos últimos meses, sin perder de vista los impactos de este clima de permanente alarma e inseguridad que ha explotado e lo largo de lo que llevamos de septiembre en relación con la vuelta a las aulas.


¿Vamos realmente a poder dedicar tiempo a hablar con nuestros alumnos de sus experiencias durante el confinamiento? ¿Vamos a poder dedicar espacios específicos que nos permitan acompañarles en estos momentos de duda e inseguridad? ¿Vamos a poder incorporar en la acción tutorial el peso imprescindible al desarrollo de actividades de expresión emocional (e intelectual) y proyectarnos en el futuro como personas, con nuestra identidad y sueños por seguir creciendo a pesar de la dificultad? ¿Vamos a enseñar valores que fomenten una convivencia positiva y emocionalmente sana donde no impere el miedo o el riesgo al contagio?. Tenemos nuestras dudas. Y sería necesario pensar que este marco de acción es imprescindible. En cantidad y calidad. No prestar la debida atención a estos procesos puede acarrear consecuencias nada satisfactorias. Supone un reto, sí. No dejemos de afrontarlo.

19 de abril de 2020

La escuela tras el confinamiento

"Nunca se debe desaprovechar una buena crisis" (W. Churchill).


La pandemia y el confinamiento han supuesto nuevos aprendizajes en el mundo, entre las personas y los sistemas que organizan la vida de las mismas. Es el momento de trasladar a las escuelas la parte más bella de los impactos terribles con la que esta crisis nos ha golpeado. Rodeados de dolor y sufrimiento, de fallecimientos insondables, de miedos, inseguridades y, también, de terrible vulnerabilidad económica sobrevenida, alumnos y profesores están experimentado una manera impensable de relación tan sostenida en el tiempo. Con todas las reservas y prudencia necesarias, es buen momento para reconocer el lado más positivo de lo vivido en esta relación tan profunda. Visibilizando también los espacios más oscuros ligados a las dificultades de los segmentos de la población más desfavorecida, puede ser un buen momento de vislumbrar un nuevo horizonte en los proyectos de los centros educativos.

Es preciso asentar esta manera de ser y estar en el mundo que ha visibilizado la solidaridad, el apoyo, el acompañamiento a los más vulnerables; de interpretar la vida, de relacionarnos con los demás. De vivir la convivencia, esencialmente. Las tecnologías y su uso durante todo este proceso han descubierto el lado más “humano” de las mismas. Centrado en las necesidades de relación social e interacción más emocional y basada en sentimientos. El miedo, pero también la asunción responsable de nuestros deberes, ha generado una dinámica de acciones que, de modo mayoritario, parecen haber aflorado el germen de un renovado y aún incipiente humanismo. 

Es momento de apuntalar la ternura, el cariño, el afecto, el respeto, la fraternidad, la ayuda. Y, claro, es momento de trasladar esta forma de vivir a las escuelas y centros educativos. Con proyectos participativos, con planes basados en el diálogo y el aprovechamiento de conocimiento disponible en toda la comunidad educativa. Con el protagonismo de nuestros alumnos. Con la educación en ciudadanía ética, democrática, pacífica y responsable. Y rescatando todo lo bueno que hemos visto crecer en esta situación en la que, en la distancia, profesores, alumnos y familias, ha propiciado un espacio de conocimiento diferente y compartido. De guía en un nuevo marco de enseñanza-aprendizaje. Sin espacios cerrados, sin mesas ubicadas en el modo tradicional. Con las pizarras en el cielo, más bien en la nube. unidos por una poderosa e invisible cadena de trasmisión; la comunicación al servicio del trabajo autónomo. 

El diálogo y la dialéctica en la base de la intervención educativa. El protagonismo del alumnado en la construcción de los saberes. Aunque también nos hemos dado de bruces con la realidad de un porcentaje de población infanto-adolescente demasiado aislada de estas posibilidades y, consecuentemente, más desfavorecidos y vulnerables que nunca. Un agujero negro que es necesario explorar y abrir a las luces del conocimiento.

9 de abril de 2020

La infancia durante el confinamiento (Cadena SER)

José Antonio Luengo, especialista en psicología educativa y sanitaria, ha explicado que, en general, están teniendo un comportamiento muy adaptativo, se lo están tomando muy en serio. Pero la incertidumbre y el hecho de que todo esto se esté alargando más de lo previsto, puede llevar a que sufran agobio y miedos, aunque muchas veces no lo verbalicen.

https://cadenaser.com/programa/2020/04/07/hora_25/1586288814_431143.html

8 de abril de 2020

Agradecimiento al profesorado y centros educativos en la pandemia

Desde la Consejería de Educación y Juventud de la Comunidad de Madrid, queremos reconocer, una vez más, el enorme trabajo que en estos días, como siempre, está desarrollando el profesorado madrileño y trasladaros todo nuestro agradecimiento y cariño por todo vuestro empeño. Sabemos que son momentos muy complicados, en los que debéis compatibilizar el teletrabajo, la conciliación y un torrente de emociones como las que todos vivimos estos días. Por eso, querríamos facilitaros estas orientaciones que os pueden ayudar en esta difícil etapa, y que han sido preparadas por uno de los miembros más destacados de la Unidad de Convivencia y Lucha contra el Acoso Escolar, José Antonio Luengo, que además es Secretario del Colegio de la Psicología de Madrid. Os agradecemos vuestro enorme esfuerzo y el compromiso que cada día demostráis con los alumnos y con la educación madrileña. Esperamos que pronto podamos volver a la normalidad de las aulas y de vuestro día a día en los centros, habiendo superado esta terrible pandemia. Como dicen los arco iris que están dibujando nuestros alumnos en todos los rincones de la Región de Madrid “Todo saldrá bien”. Recibid nuestro cariño, admiración y agradecimiento, Consejería de Educación y Juventud


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