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31 de octubre de 2020

Conversaciones sobre el porno y los adolescentes (2)

José Antonio Luengo Latorre

 

Casi 7 de cada 10 adolescentes consumen pornografía, a la que acceden por primera vez a los 12 años. Así de contundente. Así de claro. Así de inquietante y perturbador. Esta afirmación inicial podría ser el titular de una realidad, analizada y estudiada, como siempre, con el rigor científico adecuado por Save the Children.


Así lo revela el informe “(Des)información sexual: pornografía y adolescencia¨que elaborado por la citada Organización para estudiar el consumo de contenidos sexuales entre la población adolescente y su impacto en sus relaciones y su desarrollo. Un informe de obligada lectura y reflexión. Y, lo que entiendo sustancial, de necesaria aplicación práctica cuanto antes. Hace poco más de un año escribía en este blog un conjunto de reflexiones en la entrada “Conversaciones sobre el porno y los adolescentes”. Y empezaba así: “Nuestra sociedad, al menos la occidental que nos acoge y en la que habitamos, vive una era de hipersexualización. Que afecta a todos y todas. Adultos, por supuesto, pero también a los niños, niñas y adolescentes; en relación a estos últimos, hacemos referencia especialmente a la adquisición y desarrollo de comportamientos sexualizados en edades absolutamente inadecuadas y filtradas por toda una suerte de manejos y objetivos puramente comerciales y de negocio ominoso. Y con efectos indeseables y especialmente preocupantes”. 

 

Entre otras cuestiones, el post de agosto de 2019 hacía referencia a la investigación  “Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales” impulsada y promovida por la red de entidades no lucrativas Jóvenes e Inclusión y apoyada por Carmen Orte Socias y Lluís Ballester Brage, del Grupo de Investigación de Familia de la Universidad de Illes Balears, y desarrollada durante el año 2018. Para el mismo, se encuestó a 2.457 jóvenes españoles, entre 16 y 29 años, hombres y mujeres, de 7 Comunidades Autónomas y con diferentes perfiles en función de la orientación sexual e identidad de género, nivel de estudios, etc., con el objetivo esencial de dar evidencia científica a diversas hipótesis sobre juventud y pornografía publicadas en los últimos quince años en la comunidad científica.

 

El informe de Save the Children al que me refiero en este post nos muestra un panorama, como ya se ha detallado, sobrecogedor. “El abuso del consumo de material pornográfico da lugar a prácticas peligrosas, violencia y desigualdad entre la población adolescente. Por ejemplo, el 27,1% de las chicas no sabe identificar prácticas de riesgo como la ausencia de preservativo. Del mismo modo, casi la mitad de la población adolescente afirma no utilizar siempre métodos de protección y el 13,7% no lo hace nunca o casi nunca.  El 13,8% de los y las adolescentes que han visto pornografía han entrado en contacto, al menos una vez, con una persona desconocida con fines sexuales a través de internet. Esto supone un alto riesgo de sufrir violencia online e incluso física (en caso de encuentro real, los y las adolescentes pueden sufrir abusos o una agresión sexual). No podemos permitir que los contenidos sexuales sean la única fuente de información sobre sexualidad para los y las adolescentes. La pornografía se ha convertido en profesora y consultorio de sexualidad para los y las adolescentes ante la falta de información que reciben y es muy preocupante cómo está impactando en sus relaciones y su desarrollo”. 

El contenido del estudio de Save the Children viene acompañado de otros dos materiales excelentes: (1) “Testimonios sobre el consumo de pornografía” y, (2), una Guía de sensibilización para familias, de muy útil contenido para padres, madres y profesorado.

En mentes en pleno proceso de maduración sobre la interpretación y sentido de las relaciones afectivas y sexuales, el consumo de pornografía puede generar confusión en cuanto a roles a asumir, ideas erróneas sobre el funcionamiento sexual, propensión a la imitación del tipo de prácticas observadas... En los contenidos pornográficos habituales los roles de hombres y mujeres están anclados en la desigualdad invalidante, la violencia, la humillación , las vejaciones, el machismo lacerante, la distorsión de las experiencias, la idealización de cánones estéticos, formas, cuerpos, tamaños, experiencias… Y, por supuesto, la normalización de conductas de riesgo. Podemos seguir mirando hacia otro lado. Pero nos equivocaremos. Como nos hemos equivocado de manera flagrante en la consideración de la necesidad de la educación afectivo sexual de nuestros niños, niñas y adolescentes. Los efectos de este consumo (tan evidente para cualquiera que se atreva y sea capaz de aguantar la mirada a la evidencia de los datos y la investigación) llevan ya algunos años dejando girones de piel de profundo y dramático impacto en las relaciones interpersonales entre chicos y chicas cuando ronda, crece y se expande la necesidad fisiológica y psicológica por descubrir las claves de esa desazón que mueve y conmueve su mente, su alma. Y su cuerpo, claro. 


El momento es el que es. A las ideas ya reseñadas de mundo hipersexualizado, sexualización de la infancia y banalización de las conductas sexuales violentas y de riesgo, contribuyen sin duda contenidos televisivos que son mostrados sin ningún tipo de filtro, envueltos en el celofán de éxito fácil basado en mostrar los cuerpos, trivializar las relaciones y arrinconar la mente y el corazón. “Islas cargadas de tentaciones”, hombres y mujeres que giran en torno a “tronismos” y “viceversas” se convierten en escaparates de la zafiedad y el burdo espectáculo. Añadamos a este cóctel al que acceden nuestros preadolescentes y adolescentes (aunque no solo, claro) la penúltima moda que ha saltado a la luz y que será fuente de numerosos y turbadores procesos de imitación. Sin más. 

El fenómeno “Only fans”. Aprovechando un titular de un programa de TV integrado en la emisión de una nueva serie sobre adolescentes, educación y centros educativos, ¿quién educa a quién?, debemos plantearnos esta pregunta con seriedad. ¿Lo hacemos nosotros, los adultos? ¿Aun con dudas y temores? ¿O preferimos que se informen sin más en los turbios contenidos porno de la red? “Este es el contexto. Tenemos que actuar. Y existen muchas fórmulas, adaptadas, sin duda a valores, singularidades, modos de ver la vida y la sexualidad. Pero no parece razonable permanecer aislados de esta realidad”.

13 de agosto de 2019

Conversaciones sobre el porno y los adolescentes

José Antonio Luengo


Nuestra sociedad, al menos la occidental que nos acoge y en la que habitamos, vive una era de hipersexualización. Que afecta a todos y todas. Adultos, por supuesto, pero también a los niños, niñas y adolescentes; en relación a estos últimos, hacemos referencia especialmente a la adquisición y desarrollo de comportamientos sexualizados en edades absolutamente inadecuadas y filtradas por toda una suerte de manejos y objetivos puramente comerciales y de negocio ominoso. Y con efectos indeseables y especialmente preocupantes. De diverso alcance y consideración si hablamos del mundo adulto (obsesión por el sexo y trastorno hipersexual -THS-). Y de profundos impactos en la configuración e interpretación del mundo y las relaciones interpersonales ligadas a los afectos, emociones, sentimientos y comportamientos sexuales; muchos de ellos, ligados al propio modelo de comportamiento adulto al que tienen acceso a través de múltiples plataformas y que usan la intimidad sexual y amorosa de forma escandalosa, una publicidad de la compra y la vende, un cine que, con frecuencia usa el sexo como reclamo (.../...), una red de internet que permite el acceso a menores de edad ofreciendo contenidos pornográficos y violentos... (López, F. , 2017).

En muchos casos, sin exagerar, el distanciamiento de la infancia, incluso el fin de la infancia; la erotización y el juego sexual (especialmente en las niñas), el bombardeo incesante de ejemplos a seguir y que actúan por presión incesante hacia modos de estar y ser en la vida sensiblemente alejados de los intereses y actividades propios de estas edades. La hipersexualidad entendida como la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces (Bailey, G. 2001).

En este contexto, que representa un caldo de cultivo sumamente nutritivo para el acceso a contenidos de contenido sexual explícito e incontrolado absolutamente adecuado a las edades que son de referencia, surge una nueva pregunta. Muy fácil de contestar con evidencia empírica. ¿Ven los adolescentes porno en sus dispositivos digitales? Mucho. Y lo ven cada vez desde más corta edad. La investigación titulada Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales, presentada hace un par de meses por la Universitat de les Illes Balears y la red Jóvenes e Inclusión así parece atestiguarlo. Y documentarlo. El estudio se construye a partir de las entrevistas realizadas a casi 2.500 jóvenes de entre 16 y 29 años, en su mayoría heterosexuales (76,7 %) de siete comunidades autónomas y tiene como objetivo esencial dar evidencia científica a no pocas hipótesis sobre juventud y pornografía publicadas en los últimos quince años.

-       Se adelanta a los 8 años el consumo de pornografía (edad mínima), aunque se generaliza en torno a los 14 años, gracias a la familiaridad de jóvenes y adolescentes con el uso de pantallas e Internet.
-       Se confirma que el consumo de la nueva pornografía es mayor en hombres que en mujeres, también en términos de tiempo. No obstante, señala que el público femenino se ha convertido en un nuevo nicho para el mercado de la denominada “industria del sexo”.

-       Existen diferencias de género, ya que tiene mayor impacto en los hombres que en las mujeres, tanto en la frecuencia de uso y efectos buscados (masturbación), como en las consecuencias en las relaciones interpersonales. Con la pornografía se refuerzan los roles de género, en los que, a pesar de la presencia de mujeres diferentes (en términos de raza, edad, físico, etc.), persiste su cosificación, a quienes, además, se utilizan básicamente como un medio para que los hombres encuentren placer.

-        Por último, el consumo de prostitución también incrementa la exposición de las mujeres a prácticas sexuales “no normativas” o “de riesgo”, que incluyen desde sexo sin protección hasta violencia explícita (como estrangulamiento) o sexo en grupo con diversos hombres y/o diversas mujeres simulando una violación. Al mismo tiempo, la pornografía fomenta la prostitución como un medio para “dar salida a conductas impracticables consensuadamente con las parejas” (p. 18).

El estudio orienta la mirada hacia la nueva pornografía, caracterizada por una fácil accesibilidad a través de internet, gratuita mayoritariamente o con un precio asequible, la ausencia de límites en lo relativo a las prácticas sexuales visibles, algunas incluso ilegales y el anonimato. De especial interés Los jóvenes y la pornografía en la sociedad tecnológica. La Triple A Engine, a saber: 1) Accesibilidad: la posibilidad de acceso a internet es  universal, 2) Asequibilidad: puede conseguirse fácilmente, casi sin esfuerzo, y 3) Anonimato: es posible acceder de forma anónima a todo tipo de material.

Una nueva pornografía que se encuentra, sin duda, en la base la creación de modelos inquietantes de comportamiento afectivo-sexual, de las propias relaciones de pareja y del incremento de prácticas sexuales de riesgo: sexo sin preservativo, con diversas parejas, en grupo, con presencia de violencia, etc. Un 50% de jóvenes reconoce haber incrementado estas prácticas después de consumir pornografía.

¿Qué respuesta dar? ¿Mirar hacia otro lado? ¿Escondernos? ¿Ojos que no ven, corazón que no siente? ¿Derivar la responsabilidad a otros? Más bien al contrario. La respuesta supone implicación y compromiso. Información y formación también, por supuesto. Pero mirar de frente el reto. Adultos conversando sobre el fenómeno con los adolescentes. No hay otra vía. Con respeto, afecto, responsabilidad, atención, escucha y criterio. El referido estudio nos marca seis políticas de acción especialmente relevantes: Investigación, educación afectivo-sexual, (desarrollar la capacidad de análisis crítico entre jóvenes y adolescentes con respecto a la pornografía y evaluar la eficacia de los programas en curso), trabajo con las familias y centros educativos, relaciones interpersonales (llevar a cabo actividades de reflexión y concienciación del papel de la pornografía en sus vidas y sus relaciones, incluso desde el ocio y tiempo libre), empoderamiento social y servicios de apoyo adecuados (generar conciencia crítica), y control legal (investigar el acceso legal de menores a la pornografía y reducir el acceso especialmente a prácticas de violencia y de riesgo).

No contamos con muchos recursos, pero algunos hay. Y suficientes para empezar a actuar. Padres y profesores hemos de implicarnos. Se trata, sin duda, de un tema complejo, marcado por los miedos y la inquietud por abrir la caja de Pandora. Pero supone un reto obligado. Si queremos introducirnos en claves de la educación sexual que hoy son imprescindibles, e incuestionables. Pero, ¿cómo hacerlo? 

Movistar acaba de estrenar una serie-documental de interés para los adultos. Y que, sin duda, independientemente de su heterodoxia y de los prejuicios que pueda suscitar, supone un espacio de interés para la reflexión de padres y profesores. Muy especialmente, aunque no solo, de los primeros. Madres haciendo porno. Una serie documental que reflexiona sobre la pornografía y la educación sexual de los adolescentes.

Indagando en los entresijos del documental, es posible encontrar una referencia de recursos de interés para el trabajo de información y formación al que anteriormente se aludía: The Porn conversation (Erika Lust), sobre cómo explicar a tus hijos el porno.

¿Lo hacemos nosotros, los adultos? ¿Aun con dudas y temores? ¿O preferimos que se informen sin más en los turbios e inquietantes contenidos porno de la red? Este es el contexto. Tenemos que actuar. Y existen muchas fórmulas, adaptadas, sin duda a valores, singularidades, modos de ver la vida y la sexualidad. Pero no parece razonable permanecer aislados de esta realidad.

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Consultor independiente en materia de infancia y adolescencia (sept. 2026). Catedrático de Enseñanza Secundaria: especialidad de Orientación Educativa. Vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España. Ha sido Decano-Presidente del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid desde 2021 a 2025. Licenciado en Psicología. Psicólogo Sanitario y experto en Psicología Educativa y Psicología de la actividad física y del deporte (Acreditación del Consejo General de la Psicología de España). Desde octubre de 2002 a junio de 2012, ocupó los cargos de Secretario General y Jefe del Gabinete Técnico del Defensor del Menor en la CM. Ha sido profesor asociado de la Facultad de Educación de la UCM y de la UCJC. Es profesor invitado en diversas Universidades. Durante tres años ha sido el coordinador del equipo de apoyo socioemocional de la Unidad de Convivencia de la Subdirección General de Inspección Educativa de la CM. Desde septiembre de 2024 ha sido el coordinador de la Unidad de Formación e Investigación del Instituto Superior Madrileño de Innovación Educativa (ISMIE) de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid. Twitter: @jaluengolatorre

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