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Blog de reflexión y propuestas documentales sobre psicología, educación, desarrollo personal y social y salud mental. Especialmente referenciado para el trabajo con alumnado universitario en los ámbitos educativos. Por José Antonio Luengo
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16 de noviembre de 2017
5 de abril de 2017
Campaña del Getafe CF contra la violencia en el fútbol base
Nueva píldora de la Campaña del Getafe CF contra la violencia en el fútbol base
24 de marzo de 2017
19 de febrero de 2016
ESCUELAS DE FÚTBOL Jugadores y entrenadores, las dos caras de una misma moneda
José Antonio Luengo
Las reflexiones que se detallan a
continuación son fruto de la experiencia, del conocimiento y de la
responsabilidad de desarrollar un puesto en la estructura del Club que, entre
otras cosas, utiliza la observación como herramienta esencial de su trabajo.
Pero no representan LA VERDAD. En absoluto. Se trata de aproximaciones
conceptuales y prácticas, ideas y, en algún caso, sugerencias de naturaleza
general. Profundamente alejadas unas y otras del fundamentalismo, de la crítica
destructiva y del juicio sin más.
Algunos de vosotros, según
empezáis a leer estas líneas introductorias, empezaréis a rumiar, y es
entendible, alguna de estas ideas en vuestras mentes. Puede que penséis: “esto va para mí”, o “el mismo rollo de siempre”, o “lo voy a leer, pero vaya, yo sé cómo tengo
que hacer las cosas…” Entenderé que sea así. Otros,
muchos, me consta, leeréis estas ideas con curiosidad e interés, intentando
incorporar alguna de ellas a vuestra reflexión personal sobre cómo mejorar en
vuestro trabajo. Pero no solo.
En fin, así las cosas, inicio mi
argumentación. Lo haré seleccionando las consideraciones que entiendo más
relevantes, dando por entendido que comprendéis que se trata de una
priorización. Y que hay otras muchas cosas al respecto de las relaciones entre
entrenadores y sus jugadores que podrían expresarse.
- No habría entrenadores si no hubiera jugadores que quisieran y pudieran aprender. Esto parece una perogrullada pero es necesario insistir en ello. En incorporar en nuestras reflexiones al diseñar, pero sobre todo al desarrollar nuestra tarea. A mis alumnos de la Facultad de Formación del Profesorado les insisto en esta idea. Los importantes, siempre, son ellos, los alumnos. Por y para ellos estoy donde estoy. No existe objetivo más mágico que conquistar sus mentes y su afecto. Consiguiendo esto, su confianza y respeto desde nuestro respeto, desde nuestro modelo de comportamiento conseguiremos que amen lo que están haciendo. Más de lo que podían amarlo al empezar a hacerlo. La ternura, el buen trato, la confianza, son instrumentos esenciales en la tarea educativa. Y no lo olvidéis, aquí la tarea educativa es esencial. Y es esencial, por tanto, tratar bien, estimular, apoyar, animar, incentivar, reforzar. Como lo es por supuesto corregir, o, incluso, reprochar las cosas que no se hacen del todo correctamente.
- Pero
pensemos un poco más. Ningún niño
quiere fallar. Ningún niño quiere equivocarse, fallar un penalti o
cometer un error que nos cueste un gol en contra. Ningún niño quiere
ubicarse mal en el campo o hacer mal una cobertura táctica. O un control
del balón. Ningún niño quiere que la pelota salga hacia el córner cuando
quería meterla entre los tres palos. ¿Qué quiero expresar exactamente? Lo
diré de otro modo. ¿Cómo reaccionamos nosotros, los adultos, cuando nos
equivocamos y nuestro jefe o responsable reprocha vehementemente nuestro
error? ¿Y cómo nos sentimos cuando, además, lo hace delante de nuestros
compañeros? ¿Y qué pasa por nuestra mente cuando además suelta algún
improperio o alguna palabra malsonante como guinda de la bronca? En las
escuelas de fútbol, pero puedo perfectamente hablar también del trabajo
con chicos de 15, 16 o 17 años, el resultado de nuestra manera de
reaccionar al error es determinante. Crea o destruye vínculos. Crea o
destroza la confianza. No basta con preguntarle a los chicos luego si se
han sentido bien o mal. ¿Creemos de verdad que nos van a decir cómo se han
sentido realmente? Si creemos eso, me da que tenemos que pensar un poco
más.
- No estoy hablando de lo que pasa en un momento puntual del partido o del entrenamiento. Momentos así los tenemos todos y son naturales. Hablo de una manera de estar en el campo acompañando y dirigiendo a nuestros jugadores. ¿Creemos de verdad que la mejor manera de enseñar es teledirigir cada acción de nuestros jugadores? ¿Lo creemos? ¿Creemos que recorrer nuestra banda, desde la posición del portero hasta el más allá ayuda verdaderamente a crecer a nuestros jugadores? Creo que no. Es mi opinión. ¿Dónde queda la espontaneidad, dónde la confianza y la creatividad…? Pensemos que desde fuera se observa todo, o casi todo. Y desde dentro del propio campo. Somos modelos. No lo olvidemos. Y los resultados que debemos buscar no son solo los nuestros, cosa que es natural, sino especialmente los del crecimiento de nuestros jugadores. Y su compromiso con la actitud, la lucha, la concentración, el grupo, la tarea…
- Hay una excepción a esta regla. El comportamiento negligente, la falta de ganas, la ausencia de actitud. En ese escenario el reproche está justificado. Pero también con cierta discreción. Aprovechando nuestros paseos por la banda (que no son reglamentarios), o los descansos. O simplemente cambiando al jugador y dándole la charla los más discretamente que podamos. Y con educación. ¿Puede un entrenador enfadarse? Claro que sí. Porque somos humanos. Pero mantener el respeto y las buenas formas es elemental. Y la máxima discreción. Absolutamente. Y no solo por la imagen que podamos dar a nuestros jugadores o a quien vive el partido como espectador. Sino porque es nuestra obligación. Y porque podemos crecer en nuestra labor.
- El resultado de la escucha, de la comprensión, de las palabras de ánimo tras el error, de las palabras y muestras de confianza después de un fallo, incluso clamoroso, es, no lo dudéis, algo así como: mi entrenador cree en mí, me apoya aunque me haya equivocado, merece la pena estar aquí, voy a levantarme… El resultado, el efecto es sumar, no restar. Abrumar a reproches genera miedo, desconfianza. Y las ejecuciones se ven afectadas. SIEMPRE NEGATIVAMENTE. Los efectos, por el contrario de las palabras de aliento después de un error es la confianza, la autoestima, las ganas de corregir la equivocación y seguir peleando, seguir, sumando. No es suficiente que hagamos esto en el descanso. Hay que hacerlo en todo momento.
- Sí, lo
sé, y es cierto, en la tarea de entrenar en una escuela de fútbol existe
además otra derivada, otro ingrediente fundamental. Generar capacidad y
habilidades para competir. Esto
en la educación reglada no entra, ni se contempla, afortunadamente. Pero
sí en las escuelas de fútbol. Vayamos, pues con la segunda consideración.
- En la definición del término competitividad aparecen las
ideas de rival, conseguir un fin,
pelear o pugnar por algo, o ir contra algo o alguien… es necesario que
huyamos, claramente, de la consideración de la agresividad como utillaje
básico de nuestro trabajo. Es más bien la intensidad, la concentración, la
actitud, la lucha y esfuerzo permanentes, la solidaridad con los
compañeros o el aislarse de las gradas y estar a lo que hay que estar lo
que hemos de estimular y hacer crecer en los entrenamientos. Estar a todas
y a todo. Seguir las instrucciones, apoyar al compañero que falla, hablar,
comunicarse. Incesantemente. Ese es el conjunto de herramientas que han de
crecer en la mente, y también en el corazón de nuestros jugadores. Y la
elegancia. Y la humildad.
- Perder es necesario; pero no
suficiente. Saber perder es imprescindible. Caerse y
levantarse. Doblar la rodilla y levantar la cabeza, y erguirse. Esta es la
secuencia lógica, el engranaje que nos hace más grandes, más poderosos,
más y mejor dispuestos para afrontar las muchas cosas que seguirán explotando
delante de nuestros ojos, en nuestra vida.
- El mundo del fútbol y su imagen está
cargado de malos ejemplos. De chulería, de arrogancia, de egoísmo. Lejos.
Muy lejos tenemos que estar de ese escenario. Y lo que hacemos y cómo lo
hacemos, lo que decimos y cómo lo decimos es sustancial. SUSTANCIAL.
- El resultado de nuestras experiencias
forma parte de nuestro propio crecimiento. Ni perdemos ni ganamos.
Crecemos. Y experimentamos. Y vivimos. La respuesta es la flexibilidad, la
capacidad para entender, para doblarse en conexión a las inclemencias que
oscurecen y turban nuestra existencia. Porque todo es temporal. No existe
experiencia más edificante que levantar la cabeza ante una situación
comprometida, afrontar el reto, ponerle cara, hacerle frente. Y actuar.
Hacer, moverse. Nada permanece estable, ni la victoria, ni el éxito
(especialmente éstos), ni el dolor o la sensación de fracaso. Las claves
de nuestra vida están en nuestra capacidad para actuar, para modificar
aquello que es preciso ajustar, despreciar lo que nos anula y reduce, asir
intensamente lo que nos da valor, coraje y energía. Podemos buscar lo que
sea inmutable y seguro, pero no tendremos éxito.
2 de noviembre de 2015
Las chicas y el fútbol
José Antonio Luengo
Niñas jugando al
fútbol. Por fin las federaciones de fútbol van asimilando que ya toca, que no
puede seguir entorpeciéndose la incorporación de las niñas y chicas a este
deporte. Jugando, hoy, contra un equipo de chicos en una liga organizada. Ya
era hora.
Nada le es regalado a la mujer. Cada paso que ha tenido que dar en la vida le ha costado siempre lo infinito si comparamos lo que ha supuesto para el género masculino.
No hay más que verlas en el campo. 10 añitos más o menos. Ni un mal gesto. Disciplinadas, ordenadas y listas. Compañeras. Juegan porque verdaderamente les va algo en su vida en ello. Luchando en algún caso, seguro, con la mirada atónita de padres o abuelos al oír y ver sus deseos. No están ahí porque es lo que toca, como pasa con muchos niños. Están porque lo desean con toda su alma a pesar de que no encuentran facilidades. Harán MEJOR este deporte. Sobre todo por su carácter, su manera de entender el deporte y también la vida.
Bienvenidas. Es
cierto, las vemos cada vez más. Pero esto no ha hecho más que empezar. Fuera la
chulería y la arrogancia que se ve ordinariamente en el fútbol. Bienvenidas a
este deporte con letras mayúsculas.
19 de octubre de 2015
Ya nadie pone en duda la Psicología Deportiva
En los últimos tiempos algunos deportistas de alto nivel han reconocido, a través de los medios de comunicación, la mejora cualitativa que el entrenamiento psicológico les ha proporcionado a la hora de mejorar su rendimiento. Específicamente, el psicólogo de la Actividad Física y el Deporte es un profesional cuya labor se desarrolla en cinco ámbitos académicos o profesionales: deporte de base e iniciación temprana, deporte y ejercicio de ocio y tiempo libre, deporte y ejercicio en poblaciones especiales, Psicología de las organizaciones deportivas y deporte de rendimiento.
Aunque aún queda mucho trabajo por hacer, las III Jornadas Nacionales de Psicología del Deporte celebradas en Madrid los pasados días 26 y 27 de junio, han servido para corroborar el incremento del reconocimiento profesional y social que esta disciplina está adquiriendo paulatinamente en nuestro país. Un hecho que se debe, especialmente, a la buena praxis llevada a cabo en los últimos años por los psicólogos de esta área.
4 de diciembre de 2014
Deporte y violencia. Dos no pelean si uno no quiere... El ejemplo de los padres
Dos no
pelean si uno no quiere…
José
Antonio Luengo
El ejemplo de padres y madres como espectadores
La violencia existe entre
nosotros. No solo en los telediarios o en los periódicos. Existe en nuestras
vidas, a nuestro paso, casi a diario. La vemos y a veces la sentimos. En
nuestras propias carnes. Está tan presente entre nosotros que, en ocasiones,
tendemos a sentir que no es violencia. Nos hemos habituado a ella. Insultos,
vejaciones, miradas de desprecio, mofas… Esto también es violencia. De la
variedad más deleznable y agresiva. Se mete en nuestra mente y, claro, nos
parece que no es nada. Es algo así como lo
que hay. Y hemos de acostumbrarnos. Miramos o nos miran con ira cuando
vamos en el coche, gritamos a quien consideramos que no está haciendo algo
bien, pensando incluso que lo hace a propósito. Para incordiarnos. Lo hacemos o
nos lo hacen. Comentarios hirientes, agresivos, malhumorados.
Descalificaciones…
Sí, esto también es violencia.
Y de la peor calaña. De la que parece que no es, que no existe. Que no pasa
nada con ella, que no tiene consecuencias. Pero no es así. Y el mundo del
fútbol es un escenario ideal para su germinación y desarrollo. Se despliega con
una facilidad que asusta. Pero, claro, no pasa nada, dicen. Son cosas de este
deporte. Que bobada más grande. Qué tontería, por favor. La violencia es una
lacra que mina nuestra vida, la hace pesada, gris, fea, maloliente.
Insultos en la grada, al
árbitro, a los jugadores del equipo contrario, a los aficionados que no son de
los nuestros. Y nos reímos. Jubilosos. Somos unos valientes. ¡Que les den!,
pensamos. O decimos. Y lo hacemos a las claras. Comentando la jugada luego mientras nos tomamos una cerveza con los
nuestros. Y mientras, nuestros hijos, los que juegan, los niños que crecen mirándonos
e imitándonos, observan el espectáculo. Sufriéndolo, más bien. Sorprendidos,
algunos asustados. ¿O es que pensamos que niños de 10, 11 o 14 años han dejado
de ser niños? Que se vayan curtiendo, dicen algunos. ¿En qué artes? ¿En la ordinariez? ¿En el
descaro hiriente?
A veces, solo a veces, el
insulto y la ofensa son la antesala de la otra violencia, la física. Vuelan las
descalificaciones, los recuerdos a las
santas madres, los gestos ofensivos. Y con ellos, al final, se pasa a las
manos. Allí, en la grada. O bajamos al campo. Es igual. ¿Qué más da que
nuestros hijos estén en el campo y nos vean? Así aprenden… Pero ¿qué clase de
hediondo ejemplo estamos dando? ¿Dónde queda la responsabilidad que como
adultos, y, claro, como padres tenemos para con la educación de nuestros hijos?
Lo que queda es el espectáculo lamentable, la degradante experiencia de ver a
padres y madres, aficionados de dos equipos diferentes, dándose golpes,
empujándose, agrediéndose. Con la mirada de odio marcada a fuego. Con la ira en
cada célula de nuestro cuerpo. Manando como el pus en una herida infectada.
A veces pasa, más de lo que
quisiéramos; en nuestros campos de juego, en nuestros campos de deporte. Al
otro lado del campo, ya terminado el partido. En las gradas. O durante el
mismo. O en el campo. O en ambos sitios. Los jugadores y, en ocasiones, la batalla de los adultos. La expresión
de la violencia. Para nuestra vergüenza.
Todo
tiene su impacto. Y asistiremos a sus consecuencias. Los resultados de estas
cosas nunca son buenos. Nunca. Solo si reflexionamos, corregimos y pedimos
perdón podremos subsanar algunas de las consecuencias negativas del ejemplo y
la clase magistral impartida a
nuestros hijos, o a los hijos de nuestros amigos. Mientras estos practican
deporte… Podemos equivocarnos, pero reconozcamos el error y pidamos perdón. A
los chicos en primer lugar.
La violencia debe ser
erradicada de nuestra piel, de nuestro pensamiento. Antes de criticar con
desprecio y superioridad lo que pasa o les pasa a otros. Porque dos no pelean
si uno no quiere.
24 de septiembre de 2014
Esto no es como empieza, sino como acaba: competiciones deportivas.
Esto no es como empieza, sino
como acaba: competiciones deportivas.
José Antonio Luengo
Publicado en Web del Getafe C.F.
En la actividad deportiva, y, en general, en cualquier actividad
de medio o largo recorrido que tenga que ver con nuestra vida, todos hemos
experimentado que una cosa es cómo empezamos y otra, en no pocas ocasiones cómo
termina. Nos preparamos, miramos hacia un lado y hacia el otro, inspiramos
profundamente y nos decimos “allá voy,
que sea lo que Dios quiera…”
Lo correcto, lo lógico y
razonable es prepararse bien, orientar bien la mirada, escuchar lo que suena a
nuestro alrededor, interpretar las muy nombradas sensaciones, y lanzarse. Empezar a andar,
sabiendo que el camino suele ser largo, que surgen imponderables,
circunstancias no esperadas. Mirar al final del camino, anticipadamente, es un
error. Imperdonable. Que suele pasar factura. Suele funcionar mejor la
estrategia del paso corto, el paso a paso, peldaño a peldaño, el “partido
a partido” al que tanto partido ha sabido sacar un entrenador, un
grupo humano y un equipo de fútbol por todos bien conocido.
Empezar no es fácil, no suele
serlo. Nunca se está del todo preparado para iniciar los procesos. En el mejor
de los casos, tenemos la sensación de que hemos hecho lo que teníamos que
hacer, que hemos dispuesto los mimbres esenciales para no solo no pasar apuros
sino, y esto es importante, conseguir nuestros objetivos, los retos que dan
marca y valor a nuestra empresa. Del tipo que sea. Pero solemos empezar, dar
los primeros pasos; notamos cómo nuestros músculos van adquiriendo el calor y
tono adecuado para trazar las líneas que deseamos trazar, ir de aquí para allá
como estaba previsto. Nos lanzamos y confiamos en nuestra preparación y, claro,
en nuestra intuición y también preparación para dar respuesta a las
incomodidades, a los tropiezos y caídas, a los sinsabores de avanzar a una
velocidad menor de la prevista. Tiramos hacia adelante sabiendo que es lo que
queremos o, al menos, lo que debemos hacer. Aunque observemos cómo se tuercen
determinadas líneas maestras que definimos en su día como reglas de oro para el
éxito en el trayecto. Y, sobre todo, en el final del mismo.
En el deporte de competición
uno no sale solo de la línea de salida. Más bien al contrario, se ve acompañado
por otros participantes en la travesía.
Otros que han buscado el estado de preparación óptimo para llegar bien al final
de la misma. Incluso a costa de empezar con menos intensidad y fuerzas.
Sabedores de lo largo que es el camino y de la necesidad de secuenciar
adecuadamente el paso, y encontrar la óptima competencia en los momentos en que
se entiende va a empezar a venderse el pescado…
Salimos, empezamos, todos juntos. Miramos a nuestros lados en la
línea de salida y vemos legionarios que, en sus equipos o clubs, van dar
la vida por competir, por seguir en las adversidades, continuar, levantarse
tras las caídas y llegar a lo máximo. Conseguir la meta que se han trazado, que
han dibujado en función de varios parámetros, entre los que se encuentran,
claro, los mimbres con los que cuentan, el talento y calidad de los integrantes
del grupo.
Solo uno alcanzará la meta
máxima, a saber, llegar el primero. Y, por tanto, situar como fracaso no
conseguir ese objetivo puede ser el principio del fin para la mayoría de los
participantes en la carrera. Una carrea auténticamente de obstáculos, en el que
las lesiones, la falta de cohesión del grupo, la pérdida de identidad de éste,
el entrar en depresión tras los primeros resultados negativos y el mirar demasiado
lejos, no centrándose en la responsabilidad que tenemos en cada entrenamiento y
en cada segundo de cualquier partido que disputamos.
El secreto es, por supuesto,
que cada equipo establezca sus objetivos con sentido común y criterio
razonable. Para el 90% de los clubs que inician una temporada, dependiendo de
las categorías y deportes, el norte, el objetivo, no será llegar a la meta en
primer lugar. Más bien puede ser quedar entre los cinco primeros, o, incluso,
mantenerse en la categoría. Porque pesan mucho las herramientas con las que
cuentan unos y otros equipos diferencialmente. La cantidad y calidad de la
plantilla, el presupuesto, el apoyo de las aficiones…
Pero ahí también está el éxito
dibujado. Por tanto, es imprescindible fijar bien los objetivos, situar
adecuadamente los posibles inconvenientes que puedan ir surgiendo, marcar bien
los tiempos de evolución del equipo. Y, sobre todo, no dejarse llevar por las
ansiedades cuando no se empieza del todo bien. El secreto en las carreras
largas es no mirar demasiado al frente. Analizar lo que va pasando. Con
honestidad. Modificar sin miedos lo que no está funcionando. Y pensar que uno
alcanza su particular éxito mirando y mimando cada entrenamiento, cada jugada.
Cada partido. Los corredores de maratón lo saben bien: paso corto,
análisis de la activación, capacidad para distanciarse y descargar la ansiedad,
y mirar la distancia que tengo que recorrer en los próximos dos o tres pasos.
No mucho más.
No todo acaba como empieza. O,
a veces, sí. Depende de muchas cosas. Pero evitar el nerviosismo e ir paso a
paso, cuidando el grupo y los mimbres con los que se cuenta es absolutamente
imprescindible. Cuando uno hace lo que tiene que hacer en cada minúscula
secuencia del trayecto, al final las cosas suelen salir bien.
20 de febrero de 2014
Psicología deportiva, motivando desde reflexión en la escuela de fútbol
Psicología deportiva,
motivando desde reflexión en la escuela de fútbol
José Antonio Luengo
Publicado en la Revista del Getafe CF, febrero, 2014
El Getafe C.F. viene
desarrollando con los jugadores de su escuela una serie de sesiones con las que
busca entrenar las destrezas psicológicas para mejorar el rendimiento. “El
objetivo es acercar a niños y a los entrenadores a la reflexión de lo que pasa
por la mente del futbolista cuando está entrenando o jugando”, resume a la
perfección el Psicólogo José Antonio Luengo, que días antes había invitado a
los padres de otro alevín, en este caso el C, a que siguieran desde atrás las
charla. “Buscamos que los chicos se puedan reconocer mejor a sí mismos y los
entrenadores lo incorporen progresivamente a su rutina de trabajo diario”.
Estas sesiones no son fruto
de un día ni de la improvisación, sino del diseño de un proyecto planificado “sin
sesiones largas, incorporando de manera natural este elemento básico”, dice el
psicólogo, ligado a la escuela desde su creación, y prosigue hablando de su
trato cercano con los chicos. “Les conozco porque estoy frecuentemente
viéndoles entrenar. Hay entrenadores que antes de un partido importante me han pedido
que vaya a contarles alguna cosa a sus jugadores”. Precisamente de esa
necesidad e interés de los formadores nace este proyecto. “Pretendemos llevar
ese tono informal a un espacio de reflexión donde se pueda hacer un trabajo de
formación mucho más coherente”.
7 de agosto de 2012
Violencia en el deporte
LA VIOLENCIA EN EL
DEPORTE Y, ESPECIALMENTE, EN EL FÚTBOL
La importancia de las escuelas deportivas
José Antonio
Luengo
La violencia,
desgraciadamente, forma parte de nuestra sociedad, como forma parte, también
desgraciadamente, del ser humano. En la medida en que aquélla adquiere notas
significativas, bien cuantitativa, bien “expresivamente” (naturaleza
e intensidad de sus manifestaciones), la preocupación se hace sustantiva y
especialmente “explosiva”.
Suele
decirse que la violencia se incrementa y afianza como indeseable protagonista
en nuestros contextos cotidianos de convivencia: el propio hogar, las calles,
las escuelas, algunos espectáculos deportivos... Parece que la influencia
de determinados “contravalores”, como la competitividad excesiva, la búsqueda
irrefrenable del éxito y el poder o el individualismo, adquiere pesos y cargas de
inoculación en las mentes y corazones de las gentes muy por encima de lo
observado con los valores propios de una sociedad democrática y asentada en el
Estado de Derecho.
Probablemente,
la generación de nuevos y más floridos brotes de violencia en nuestra sociedad
representen la germinación de llamativos efectos indeseables de los
ritmos y cadencias con que aquélla tiene que hacer frente a los sensibles y
notables cambios que se producen en sus sistemas de organización,
autorregulación y autocontrol. Una sociedad que destila estrés, genera
comportamientos indeseables e “improductivos”, tales como la violencia, la
intolerancia o la insolidaridad, pero profundamente resistentes a sus
“enemigos” naturales, a saber, la escucha, el acuerdo, la empatía, el respeto,
la tranquilidad, el sosiego, la tolerancia y, por supuesto, la paz.
Los
espectáculos deportivos, como un entorno más en el que se producen relaciones
entre personas y grupos de personas, se están viendo negativamente
influenciados por la creciente ola de desasosiego colectivo que parece
invadirnos. La pregunta que tenemos que hacernos es si, además de entorno fácilmente
influenciable, el evento deportivo y especialmente el fútbol representa en sí
mismo un contexto favorecedor de modos y maneras de ver e interpretar las cosas
ciertamente violentos.
No
nos estamos refiriendo exclusivamente a lo que ocurre en los estadios de
primera o segunda división. Es cierto que las manifestaciones de violencia
que concurren en acontecimientos de amplia cobertura y marcada influencia
mediática provocan impactos de gran relevancia y preocupación social. No
obstante, debemos mirar también hacia otros contextos, ordinariamente menos
conocidos y, especialmente, menos tratados por los medios de comunicación. Otros
lugares y espacios donde concurren comportamientos violentos, tal vez menos
significados que los observados en los acontecimientos públicos antes citados,
tal vez menos “explosivos” o llamativos, pero sin duda, germen de visiones y
perspectivas intolerantes e insolidarias. Observemos también qué pasa en
el desarrollo de las competiciones de las categorías inferiores: niños de 10,
12, 15 ó 17 años inmersos en entornos indudablemente deportivos, si bien
“marcados” por notas de identidad de actividad “cuasiprofesional”:
competitividad, gestos y modelos de comportamiento de entrenadores, modelos de
“apoyo” de las aficiones (fundamentalmente padres, madres y familiares). La TV
nos deja de vez en cuando terribles “píldoras” en imagen de comportamientos
violentos de aficionados con los árbitros, jugadores u otros aficionados.
En
la presentación y representación social del fútbol prima el mito del éxito en
combinación con las pasiones locales, que si no se satisfacen, dan lugar a
frustración y focos de crispación.
Es
importante no confundir excepción con norma. Es cierto. Los excesos de
interpretaciones (en el tiempo y en su magnitud) de los hechos y las
valoraciones de hechos acontecidos en una competición (jugadas conflictivas,
agresiones no observadas por el árbitro, comportamiento de las aficiones...) no
ayudan a atemperar la tensión y crear climas más sosegados. Sin embargo,
lamentablemente, el comportamiento de un buen número de aficionados y de otros
integrantes del entorno futbolístico muestra un escenario preocupante.
Resulta
especialmente preocupante la “invasividad” conque opera y se manifiesta el
fenómeno de la violencia (y especialmente de sus más serviles y ruines
sicarios: la intolerancia, la vil competitividad y la insolidaridad) en
entornos de desarrollo de nuestros menores.
Las
escuelas de fútbol han de configurarse como contextos para el desarrollo
integral de los pequeños deportistas. Es en estos espacios donde han de cuajar
el desarrollo de iniciativas, propuesta y medidas de prevención de los
comportamientos hasta ahora citados. Es en estos contextos donde han de
germinar modos y manera saludables de ver, percibir e interpretar la actividad
deportiva “con” iguales, el gusto por compartir, el placer de divertirse
jugando, el ejercicio de la solidaridad y el humanismo en sus más explícitas
manifestaciones: disfrutar del juego, saber ganar, saber perder,
apoyar, ayudar, perdonar, escuchar y entender a los demás, aceptar el liderazgo
de los entrenadores, entender al juez (árbitro) del juego, mejorar, crecer,
sonreir ante la adversidad; en definitiva, entrar y salir del campo de juego
con “la cabeza alta”, con el orgullo de haber desarrollado saludablemente una
actividad deportiva “con” otros, con iguales a quien necesito y de los que
formo parte. Hacer amigos y construir una imagen personal solidaria y
respetuosa con los demás.
Las
escuelas de fútbol han de contribuir a trasmitir el lado más amable de la
actividad deportiva y, por qué no, de la competición. Ganar o perder un
partido, un torneo o una competición han de suponer un permanente ejercicio
psicológico y social en el progresivo crecimiento y maduración del individuo.
Muchos jugadores profesionales dan permanente ejemplo de esta circunstancia.
Estos son los modelos a mostrar, a divulgar a través de los medios.
Las
escuelas de fútbol deben estructurarse como entornos adecuadamente
profesionalizados. Titulación y reciclaje de los entrenadores, estabilidad de
los servicios médicos y de rehabilitación y, de manera singular, presencia del
psicólogo deportivo. Estamos hablando de la importancia de generar orden,
criterio, coherencia, orientación y proyecto. Estamos hablando de constituir
formatos de atención niños y jóvenes “desde” y “por” la educación. Estamos
hablando de cuidar, de mimar especialmente la formación y reciclaje de los
entrenadores; atender el lado más educativo y de modelado de su labor. Estamos
hablando de tramar un contexto de trabajo en el que (1) formar grupos, (2)
atender a las individualidades, (3) responder a los posibles conflictos
interpersonales y (4) generar modelos adecuados de comunicación, supongan ejes
nucleares de la planificación de cada equipo y de la propia Escuela.
Nada
de lo expresado tendría sentido, o más bien poco, todo hay que decirlo, si no
se implicase a los padres, madres y familiares en este proyecto, en este modelo
de hacer y estar en el deporte y, en general, en la vida. Padres, madres y
familiares son elementos sustantivos del proceso al que estamos haciendo
referencia. La labor del psicólogo en esta faceta es fundamental: generar
contextos de debate y diálogo sobre la importancia de cuidar los ritmos de
desarrollo, las necesidades de descanso de niños y jóvenes, la importancia del
rendimiento escolar, la relativización del éxito, la necesidad de trasmitir
modelos de comportamientos pacíficos y empáticos...
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Datos personales
- José Antonio Luengo
- Consultor independiente en materia de infancia y adolescencia (sept. 2026). Catedrático de Enseñanza Secundaria: especialidad de Orientación Educativa. Vicepresidente primero del Consejo General de la Psicología de España. Ha sido Decano-Presidente del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid desde 2021 a 2025. Licenciado en Psicología. Psicólogo Sanitario y experto en Psicología Educativa y Psicología de la actividad física y del deporte (Acreditación del Consejo General de la Psicología de España). Desde octubre de 2002 a junio de 2012, ocupó los cargos de Secretario General y Jefe del Gabinete Técnico del Defensor del Menor en la CM. Ha sido profesor asociado de la Facultad de Educación de la UCM y de la UCJC. Es profesor invitado en diversas Universidades. Durante tres años ha sido el coordinador del equipo de apoyo socioemocional de la Unidad de Convivencia de la Subdirección General de Inspección Educativa de la CM. Desde septiembre de 2024 ha sido el coordinador de la Unidad de Formación e Investigación del Instituto Superior Madrileño de Innovación Educativa (ISMIE) de la Consejería de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid. Twitter: @jaluengolatorre







