2 de febrero de 2012

Un pensamiento afirmativo


Un pensamiento afirmativo

Por: | 01 de febrero de 2012



Considero atractivos a quienes se implican, se involucran, se comprometen. Y en este tiempo complejo y difícil son singularmente necesarios. Me gustan menos si consideran que hay un único modo de hacerlo y que, por tanto, ellos y sólo ellos se entregan de verdad. Expiden certificados de compromiso. Y los demás, todos nosotros supongo, somos cuitados, convencionales o, en el peor de los casos, claros colaboradores de la desastrosa situación.
Merecen nuestro reconocimiento quienes sostienen un pensamiento afirmativo. Porque, como hay “conseguidores”, tampoco faltan los “impedidores”: todo está mal, no hay nada que hacer, no merece la pena, es igual, nadie vale, cualquier acción es insuficiente o, dicho de otra forma, sí hay un modo estupendo de ser, el suyo. En mi suerte, en todo caso, más bien me he encontrado con personas activas y constructivas.
Afirmativo no quiere decir resignado, ni sumiso. Afirmativo no significa carente de espíritu crítico, de valor para la impugnación. Y ni siquiera supone que siempre tengamos propuestas mejores o alternativas. Sí exige que las busquemos, que tratemos de proponerlas, incluso para replantear toda la situación. Aunque por supuesto con otro alcance, nuestro profesor Kant dice que hay cuestiones que la razón no puede apartar pero a las que tampoco puede contestar.

Hay quienes informan, argumentan, ofrecen buenas razones, buscan, dilucidan, conversan, convocan. Y la verdad es que da gusto estar con ellas, con ellos. Y escucharlos y leerlos. No se alimentan de su resentimiento ni de su envidia, que tanta actividad promueven. Esta gente me parece la más adecuada, la más idónea, la más apta. No se las sabe todas y está dispuesta a decir algo, pero también a dejarse decir. No le falta pasión, pero es sobre todo la de la coherencia y la intensidad, no la del alboroto. Su moderación no es mediocridad. Me interesa.
Recibir a quien va a hablar, incluso antes de que lo haga, resuena simbólicamente en el “sí telefónico” que tantas veces utilizamos al descolgar con un cierto aire interrogativo, para abrirnos a la palabra del otro, de los otros. Semejante  no asiente a lo ya dicho, pues aún no ha sucedido, pero oxigena y anima a proseguir. El “¿sí, dígame?” crea las condiciones de posibilidad para que nos decidamos y nos predispone a la escucha. Aceptar al que quizá piensa diferente, a quien puede decir otras cosas y de otro modo, reconocer su palabra singular y estar dispuesto a recibirla, es ya una posición afirmativa.
Ser afirmativo implica tomar posición, pero no impide la duda, ni la incertidumbre. Supone ofrecer caminos, abrir puertas, perseguir otras condiciones. Y casi diría que serlo es un elemento clave para ser digno de especial mención. Quien piensa a favor de algo, quien es capaz de hablar bien de alguien, quien construye, quien crea, quien ofrece alternativas, es preferible a quien disfruta desautorizando, descalificando, derruyendo. Moverse contra algo o contra alguien, sin embargo, en ocasiones no deja de ser necesario, y puede hacerse como gesto de afirmación. Pero se trata de algo más.
En todo caso, limitarse a generar desaliento lo encuentro descuidado y desconsiderado. A mi juicio, esto se expresa bien en una palabra que, a decir de Cicerón, es la palabra latina que tiene más fuerza y energía: ineptus. “El hombre que no repara en lo que piden la circunstancias o que habla más de lo que debe, o que se vanagloria de sí mismo, o que no se hace cargo ni de la dignidad ni de los intereses de las personas que le rodean, en fin, que es descompuesto y descompasado en modales y palabras, es propiamente un inepto”. Más bien me he encontrado otro tipo de gente, pero este pensamiento afirmativo me recuerda que uno mismo nunca está libre de alguna ineptitud. Ojalá disminuya gracias a este espacio.

2 comentarios:

  1. Pensamiento afirmativo, es aquí donde una alumna puede expresar su gratitud con la tarea realizada durante cuatro duros meses por su maestro.
    Quizás la palabraa maestro no es la más adecuada.
    Quizás tendría que hacer referencia a esa persona que nos calmo nuestra ansiedad ese primer día de clase, esa persona que siempre nos ha regalado una sonrisa las tres horas y media de los lunes, esa persona que jamás nos hizo sentir inferiores aun sabiendo que su carrera profesional va mucho más allá de lo que nos puede contar.
    Gracias a él hemos aprendido conceptos, pero lo más importante es que nos ha transmitido valores, tranquilidad en sus palabras y comprensión en todo momento.

    Jose Antonio, solo puedo decirte que sigas con ese pensamiento afirmativo para que hagas tan fácil el aprendizaje de conceptos a tus alumnas y sigas transmitiendo todo aquello que muy pocas personas sabeis transmitir.
    Un saludo,
    Una alumna de psicopatología, a la que siempre la sacabas una sonrisa.

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  2. El agradecimiento es mío a todos vosotros, a todas vosotras. Con el corazón

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