8 de febrero de 2012

CRIANZA SALUDABLE. FUNDAMENTOS Y PROPUESTAS PRÁCTICAS




Ponencia presentada al III Congreso de la Red Española de Política Social “Los actores de las políticas sociales en un contexto en transformación”, 2011
Pamplona

CRIANZA SALUDABLE. FUNDAMENTOS Y PROPUESTAS PRÁCTICAS

                                                        Demetrio Casado                                           .
Seminario de Intervención y Políticas Sociales (SIPOSO)
María Jesús Sanz 
Psicóloga. Seminario de Intervención y Políticas Sociales (SIPOSO)
Resumen
La crianza saludable tanto desde un punto de vista físico como psicológico es un derecho de los niños y niñas que recoge la Convención de los Derechos del Niño, aprobada en 1989 y ratificada por el Estado español en 1990 (“Los  Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud…”).  En la actualidad se dispone de conocimiento científico suficiente como para saber que la lactancia natural, la protección de las enfermedades y el desarrollo cerebral y psicológico adecuado durante los primeros años de vida son factores a tener en cuenta si la sociedad desea contar en el futuro con individuos sanos, plenamente productivos y también capaces de relaciones humanas solidarias y creativas.
El cerebro en la especie humana no está completamente desarrollado al nacimiento sino que lo hace de manera intensa en los primeros años de vida. Cuando los padres, ejerciendo su principal función, aman al bebé y  responden a sus necesidades de forma adecuada, participan en procesos biológicos importantes como la maduración del sistema nervioso, la respuesta al estrés, el desarrollo del córtex orbitofrontal, además de  posibilitar su desarrollo psicosocial, y las bases de su personalidad. De ahí la necesidad de abogar por una crianza saludable.
Para ello es necesario superar una serie de ideas erradas: inconveniencia de la lactancia natural, conveniencia de socialización temprana de los bebés, costes de oportunidad de las madres por efecto de la maternidad y de la crianza, beneficios macroeconómicos de la externalización de la crianza.
Estas ideas han ido calando en nuestra sociedad impulsadas por la necesidad de crecimiento económico centrando éste en la incorporación de la mujer al trabajo. Ello ha llevado a implantar medidas llamadas de “conciliación” que sólo en algunos países tienen en cuenta también los intereses del niño, como por otra parte impone la Convención de los Derechos del Niño.
Los autores rebaten las ideas erradas y proponen una serie de medidas que podrían asegurar una crianza saludable en beneficio no solo de los niños sino de sus propios padres y de toda la sociedad.

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Este texto es deudor de aportaciones hechas por José Arizcun, Pilar Gútiez, José Antonio Luengo  López, Ramón de Marcos y Elisa Ruiz en reuniones de trabajo en las que participaron los autores.

  1. Derechos y necesidades del niño

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, establece el derecho a “la salud y el bienestar” de todas las personas (art. 25.1), así como que “La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales.” (art. 25.2) En la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989 y ratificada por el Estado español en 1990, “Los  Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud…”.  

Ese derecho general reconocido a los niños y niñas en la  Convención de los Derechos del Niño remite obviamente a la satisfacción de sus necesidades (Sanz Andrés, 2011: 12).  Barudy y Dantagnan (2005: 63 a 74) identifican estas clases de ellas: fisiológicas, de lazos afectivos seguros y continuos, de aceptación, de ser importante para el otro, cognitivas, de estimulación, de experimentación y de refuerzo, sociales y de valores. El conocimiento científico sobre tales demandas va permitiendo formular reglas o criterios prácticos para su satisfacción; veamos algunas muestras muy relevantes.

Lactancia

En la Convención sobre los Derechos del Niño “Los  Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud…”  y se comprometen a adoptar, entre otras, las medidas apropiadas para que se conozcan “las ventajas de la lactancia materna” (art. 24). 

Existe consenso internacional de las instituciones expertas sobre la indicación de la lactancia natural hasta al menos los dos años  para el común de los casos (EUNUTNET, c. 2006: puntos 6 a 8), con estos criterios: 1) lactancia exclusiva durante los seis primeros meses; 2)  “continuación del amamantamiento hasta los 2 años o más” (8.14) con alimentación complementaria. 

Infecciones

La débil protección del niño frente a las infecciones se pone manifiesto en su incorporación prematura a guarderías –o escuelas infantiles-. Se ha estimado que “la asistencia a guardería podría ser la responsable de entre un 33% y un 50% de los episodios de infecciones respiratorias y gastroenteritis en la población expuesta. Esos centros son responsables” (Ochoa, 2011). Por otra parte, los niños pueden sufrir depresión del sistema inmunitario cuando se separan de la madre tempranamente (Rygaard, 2008, citado por Torrás, 2010). Así pues, la “institucionalización” temprana expone al niño a sufrir enfermedades innecesariamente, resultando un riesgo grave  para la salud en el caso de niños más frágiles.

Desarrollo cerebral

El cerebro en la especie humana no está completamente desarrollado al nacimiento sino que lo hace de manera intensa en los primeros años de vida. Es en esta época en la que es más flexible la estructura cerebral pero también por ello más influenciable tanto positiva como negativamente. Cuando los padres responden a las necesidades del bebé participan en procesos biológicos importantes como la maduración del sistema nervioso, la respuesta al estrés, el desarrollo del córtex orbitofrontal. Es en éste dónde se alojarán las capacidades cerebrales de más alto nivel, la capacidad de almacenar información, la capacidad de refrenar sus impulsos y controlar la vida emocional (Gerhardt, 2008: 187, 220). Este desarrollo se lleva a cabo después del nacimiento comenzando su proceso de maduración a la edad de 1 a 2 años y para ello no necesita ayudas pedagógicas o culturales, sino un adulto que le cuide con un intercambio relacional persona a persona (op. cit.: 50, 51), generando opiáceos a través de las relaciones afectuosas que ayudan al crecimiento de esta parte del cerebro (op. cit.: 191).Ciertos sistemas bioquímicos pueden construirse defectuosamente si las primeras experiencias son problemáticas, sobre todo pueden quedar dañados tanto la respuesta al estrés como el metabolismo de algunos neuropéptidos que intervienen en las emociones (op. cit.: 30). El aumento del nivel de cortisol, llamado la hormona del estrés, ocurre cuando no hay cerca del niño un adulto disponible que se identifique con él y le responda de forma contingente, rápida y sensible  ayudándole a restablecer el equilibrio  y  a regular sus sentimientos (op. cit.: 87, 88). Si existe un aumento del cortisol de forma crónica puede dañar sistemas corporales como el hipocampo o afectar la capacidad del cortex orbitofrontal o al sistema inmunitario (op. cit.: 92) La madre o el padre suelen ser en general las personas más idóneas para identificarse con las necesidades del bebé y brindarle la respuesta adecuada, en un marco estable y continuo.

Salud mental y apego

Las primeras relaciones o vínculos afectivos son las que sientan también las bases del desarrollo psicosocial del bebé y su futura salud mental. Si, como se ha señalado, el niño dispone de un adulto que le ame y se identifique con sus necesidades, que sepa proporcionarle una respuesta sensible, contingente y coherente, establecerá con éste un apego seguro, imprescindible para la salud mental y un adecuado desarrollo personal y social. Su experiencia de relación con las personas con las que establece el apego crea representaciones mentales sobre las mismas que “actúan como factores organizativos” del psiquismo con influencia decisiva en el desarrollo de la personalidad (Marrone, 2009; 20). Este autor ha actualizado las teorías de Bolwby que mostraron en los años 50 y 60 cómo la calidad de los cuidados parentales en los primeros años es necesaria para la salud mental.

Los estudios longitudinales demuestran una correspondencia del 68-75 % entre las clasificaciones del apego en la infancia y las clasificaciones de apego en la edad adulta (Hamilton, 1994, Main, 1997 citados por Fonagy, 1999: 10-12), así como su relación con determinadas patologías mentales (Soares y Dias, 2007), poniendo de manifiesto la existencia de asociaciones entre la inseguridad en el apego y la psicopatología.

Marrone (2009: 397) señala que “la  promoción de la salud mental debe facilitar el desarrollo de capacidades y sentimientos como: sentido de seguridad interna, capacidad de insight, autoestima, autonomía, adaptabilidad, resiliencia, interés genuino por los demás, potencial para formar y mantener relaciones íntimas, capacidad para relacionarse competentemente a nivel social y tolerancia a la diversidad social”, que se promueven dentro del marco de un apego seguro. De hecho, la idea de que esta clase de apego es uno de los componentes principales de la prevención en salud mental ha sido utilizada como base en numerosos programas desarrollados desde los años 90, sobre todo en países como Australia, Canadá, Estados Unidos (California), Holanda o Inglaterra (op. cit.: 400-409).

El Comité de expertos del proyecto Promoción de la salud mental de niños hasta la edad de seis años, creado por la Comisión Europea en 1997, declaró en su informe del año 2000 (Marrone, 2009: 398): “El desarrollo de estrategias para promover la salud mental de los niños pequeños….implica concienciar sobre el significado del bienestar mental de los niños, proponer intervenciones para ayudar a los padres, facilitar relaciones positivas entre padres e hijos, mejorar las condiciones de crianza y proteger a los niños vulnerables”

Algunas iniciativas recientes en nuestro país tratan de poner de manifiesto y dar difusión a la importancia de las condiciones de la crianza para promover el apego seguro y un buen desarrollo psicosocial de los bebés y niños pequeños. En el Manifiesto Dos años de maternidad/paternidad garantizados por los poderes públicos,  se afirma lo que sigue: “Desde hace más de un siglo se conoce la gran importancia que supone para toda la vida del niño y del futuro adulto disponer a su lado, desde el nacimiento y durante los primeros años de la vida, de una o dos figuras de vinculación suficientemente próximas y suficientemente estables en el tiempo. Con los conocimientos científicos actuales resulta evidente que, antes de los tres-cuatro años, es mejor evitar la institucionalización de los bebés y de los niños, si no existen graves motivos para ello.” (VV. AA., 2009).

Dificultades individuales y familiares

Según lo expuesto, el conocimiento científico avala la pauta natural de la crianza familiar mediante los padres principalmente. La Convención de los Derechos del Niño asume en su preámbulo la función familiar en la atención infantil: “el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”. Y determina la responsabilidad de los padres en estos términos:”Los Estados Partes pondrán el máximo empeño en garantizar el reconocimiento de que ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño. Incumbirá a los padres o, en su caso, a los representantes legales la responsabilidad primordial de la crianza y del desarrollo del niño. Su preocupación fundamental será el interés superior del niño.” (art. 18.1)

Por el interés general de la buena atención de la infancia, las sociedades y los estados deben ayudar a las familias –y especialmente a los padres- en esa función y responsabilidad. Ello es particularmente necesario en determinadas casos de déficit de los niños (prematuridad y bajo peso, deficiencias congénitas y riesgos de padecerlas, etc.)  y/o de las familias (desintegración, conflictividad, pobreza,  ignorancia).

2. Ideas sociales erradas

La buena crianza necesita, ante todo, que se eviten o superen las ideas erradas sobre el modo de realizarla. Veamos algunos de las más extendidas y relevantes en la sociedad española actual:
  • Inconveniencia de la lactancia natural
  • Conveniencia de socialización temprana de los bebés
  • Costes de oportunidad de las madres por efecto de la maternidad y de la crianza 
  • Beneficios macroeconómicos de la externalización de la crianza

Lactancia natural

La lactancia como cualquier otra función natural puede presentar dificultades y ser practicada de modo inconveniente en casos particulares, pero existe un amplio consenso científico sobre su conveniencia para la salud infantil. EUNUTNET, la red promotora del documento que adopta las reglas sobre lactancia antes citadas, es un proyecto financiado por la Comisión Europea coordinado por un departamento especializado del Instituto Karolinska. El documento de referencia cuenta con los siguientes elementos de crédito (c. 2006: 2): fue elaborado por cinco especialistas en colaboración con los científicos y expertos de EUNUTNET; fue revisado por seis especialistas de relevancia internacional; ha sido apoyado por catorce instituciones internacionales especializadas, entre ellas la Asociación Pediátrica Internacional, la Unión de Sociedades y Asociaciones de Pediatría Europeas y la Organización Mundial para la Salud. Oficina Europea.

Socialización temprana

En España, los más activos postulantes de la socialización temprana son algunas corporaciones de profesionales de servicios infantiles, especialmente escuelas. Pero esa idea no cuenta con fundamento en las ciencias de la salud. Se dispone, en cambio, de conocimientos de esas fuentes que avalan a la madre y el padre como los más idóneos agentes del desarrollo sano de los bebés (Tizón, 2009; Torras de Beá, 2010). Concuerda con esto un especialista de la educación al abogar por “La mejora de las iniciativas de protección social y apoyo a las familias que faciliten la atención y cuidado a los más pequeños por parte de progenitores durante los dos primeros años de vida.” (Luengo Latorre, 2007: 46).

Se registra la tendencia social a enviar pronto a los niños a guarderías o escuelas infantiles, principalmente para dar respuesta a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, sin tener en cuenta las auténticas necesidades de los niños y como si se tratase de una verdadera medida de conciliación de la vida familiar y laboral

J. Belsky (2009, 2010), hasta mediados de los 80 afirmaba que el hecho de no ser cuidado por sus padres no incidía en el desarrollo del niño pequeño; pero después de unos años en los que profundizó en sus investigaciones cambió su opinión a la vista de sus resultados, concluyendo que este hecho puede afectar negativamente al desarrollo de los niños. Refuerza esta afirmación con su interpretación de los resultados del estudio del National Institute of Child Health and Development (NICHD), realizado en los años 90, y que más conclusiones arroja sobre la cuestión en examen. Algunos de estos resultados son: que los mejores pronosticadores de la estabilidad del vínculo afectivo son las características de la madre y  que el entorno familiar sigue siendo la influencia principal en el desarrollo de los niños. Que una mayor cantidad de cuidado externo se asocia con una interacción menos armónica madre-hijo, mayor número de problemas de conducta a los dos años de edad y mayor probabilidad de un apego inseguro si la madre presenta características de baja sensibilidad. Por otra parte, la inestabilidad en los cuidados en los dispositivos externos podría perjudicar el apego seguro sobre todo en  el caso de madres poco sensibles. Por otra parte conviene señalar que las actuales ratios de cuidadores en las escuelas y guarderías no permiten individualizar la atención.

“Antes de los tres años no se trata de enseñar, de establecer hábitos, sino de ayudar al niño a consolidar una seguridad interna suficiente como para tener curiosidad por su entorno, ser capaz de disfrutar, desear y pensar”. Los niños necesitan más bien cuidado y acompañamiento de calidad, no enseñanza (González, F. y Tapia, X., 2009, 183). Según estos autores, la escolarización temprana no compensa las diferencias sociales, no parece haber diferencias en el resultado escolar posterior y sin embargo, si el cuidado no reúne las características de individualización, adaptación a las necesidades del niño y calidez, los efectos pueden ser negativos.

Aceptar sin ninguna crítica las supuestas bondades de la escolarización temprana puede tener el efecto de tranquilizar a los padres que no pueden criar a sus hijos pequeños debido a la escasez de medidas verdaderamente conciliadoras, pero a su vez impide que se demanden soluciones más adecuadas a las necesidades de los niños. No escolarizar a los niños antes de los 2-3 años de edad es una medida en cualquier caso preventiva, ya que el hacerlo puede causar problemas sobre todo si se asocia con otras variables individuales del niño y familiares.

Costes de oportunidad de la crianza directa

Es obvio que la crianza por los padres les limita para el desarrollo de otras actividades, tanto productivas como de ocio, y merma sus posibilidades de descanso. Pero estos costes, en el ámbito individual,  deben ser ponderados en relación con la motivación y los beneficios de la crianza para quienes la practican.

En las sociedades modernas, salvo excepciones, la procreación se realiza mediante la decisión de sus autores. La misma y, sobre todo el advenimiento de los hijos, generan una fuerte motivación y un intenso amor que habilitan para la realización de los esfuerzos que requiere la crianza; en general, es mayor el gozo que el  estrés. La observación común muestra que, por lo general, las trabajadoras madres no sufren por el paréntesis en su actividad laboral que le supone la crianza sino, al contrario, por la brevedad de los permisos laborales que le obligan a cortar la lactancia y a delegar la crianza una gran parte de la jornada. 

Aparte del deseo, sobre todo materno, de crianza directa, deben ponderarse los beneficios de la misma para quienes la ejercen. En una estimable obra de divulgación científica (Ellison, 2005) puede verse que la investigación neurológica y psicológica está aportando evidencias de que la maternidad y la crianza mejoran las capacidades de la mujer al menos en estos aspectos: agudeza sensorial, que tanto importa en la prevención de ciertos riesgos, no sólo en el hogar; eficacia, especialmente en la realización simultánea de tareas, lo cual puede ser de gran utilidad para el ejercicio de funciones de directivas en el mundo profesional; resistencia al esfuerzo sin la secuela del estrés; motivación, no sólo para la crianza; e inteligencia emocional, es decir, la habilidad para las relaciones personales-sociales, tanto en la vida privada como en la profesional.

Recordemos finalmente que, cuando se retrasa mucho la realización de la tendencia natural a tener hijos, suele ser a costa de poner en funcionamiento ciertas defensas psicológicas, las cuales pueden generar frustración y ansiedad (Manzano, J., 2009,14)

Beneficios macroeconómicos

La idea de que la externalización de una parte importante de la  crianza a los servicios infantiles favorece la producción de riqueza, en cuanto que posibilita la pronta incorporación de las madres al trabajo remunerado, adolece de un grave fallo (Torras Lungwitz, 2010: 16). La dedicación familiar a la crianza no es registrada por los indicadores económicos, como el PIB. En cambio, la atención infantil mediante servicios supone esta doble aportación a los registros económicos al uso: los ingresos laborales conservados por los criadores familiares y los ingresos emergentes de los profesionales de los servicios. Los problemas de salud y otras dimensiones del bienestar que pueden derivarse de una crianza inadecuada no son registrados como costes por los indicadores aludidos.

3.   Concurrencia de objetivos

La crianza saludable es un objetivo con el que compiten otros de muy diversa clase, como los siguientes:
  • Intereses personales de los padres potenciales para el trabajo y el ocio
  • Fundamentalismo económico
  • Igualitarismo de clase sexual simple.

Intereses personales de los padres potenciales

En las familias con hijos en edad de crianza, la priorización extremada de la disponibilidad de los potenciales procreadores para el trabajo y el ocio entraña el riesgo de la delegación inconveniente de aquella función. Los adultos que aplazan la procreación por la citada prioridad demoran a la vez la satisfacción del impulso parental, común en la especie humana. Y ocurre a veces que ese aplazamiento aboca a la imposibilidad de la paternidad biológica.

Fundamentalismo económico

En el orden económico, se registra un poderoso movimiento que prioriza el crecimiento y el enrolamiento laboral incondicionado. Dicho fenómeno pone en grave dificultad, aparte de las decisiones de paternidad, el ejercicio de la crianza saludable.

Poderosas fuerzas sociales y políticas –entre éstas, la Unión Europea- están promoviendo y aplicando una ideología que antepone el crecimiento económico al bienestar infantil, especialmente en el estadio de crianza.  En aras de ese objetivo se postula y procura la incorporación de los progenitores, incluidas las madres en el estadio de la crianza, al empleo. Para posibilitarlo, aparte de modestas medidas de conciliación genuina –especialmente, permisos y licencias de maternidad y parentales- se promueve principalmente la externalización de una parte sustancial de la crianza a los servicios de atención infantil (Comisión Europea, 2002), manifiestamente inadecuados para los primeros años de vida, según quedó expuesto. 

Sobre el igualitarismo de clase sexual simple

La situación social de la mujer ha cambiado sensiblemente sobre todo desde la segunda parte del pasado siglo, habiendo conquistado cotas de libertad individual, autonomía, igualdad, formación e incorporación al trabajo remarcables. Sin embargo, su adaptación al modelo productivo ha sido a costa de renunciar en cierto modo a  diferencias propias de su identidad como es la maternidad y la crianza en los primeros años de vida de sus hijos, no sin encontrarse en un conflicto entre sus deseos de tener y criar a sus hijos y sus deseos de progresar profesionalmente.

Ya desde los años 70 comenzaron a surgir voces dentro del feminismo proponiendo que, junto a los objetivos de su lucha, debía incluirse la maternidad como cuestión central de la identidad femenina (Knibiehler, 2007). Otras feministas en los últimos años han examinado la cuestión de la maternidad y la crianza, reivindicándolas como el núcleo central de la liberación de la mujer, afirmando incluso que el no tenerlas en cuenta es lo que permite organizar y producir la inferioridad social de la mujer (Rodrigañez, 2007). No se puede considerar verdadera la liberación de la mujer si no se le permite vivir su maternidad y criar a sus hijos, en aras de incorporarse lo antes posible al mundo “productivo”, que sigue patrones organizativos masculinos. De esta forma podemos afirmar que apartar a la madre de la crianza afecta negativamente tanto a ésta como a los niños.


* * *

     Para los conflictos reales de objetivos que afecten al bienestar del niño, aquí se postula tener en cuenta el siguiente acuerdo de la Convención sobre los Derechos del Niño: “En todas las medidas  concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a la que se atenderá será el interés superior del niño.” (art. 3.1)

  1. Acciones privadas y públicas 

     En la situación española, lo expuesto hasta aquí parece aconsejar acciones privadas y públicas como las que se formulan seguidamente. Algunas de ellas van acompañadas de notas aclaratorias. Importa advertir que se trata de acciones relativas a las necesidades comunes de crianza, de modo que no se incluyen las relativas a niños afectos de deficiencias o carentes de familias –naturales o adoptantes- idóneas.  Casi todas las acciones que se postulan fueron propuestas en un trabajo del Seminario de Intervención y Políticas Sociales realizado en 2010 (Casado, en prensa).

Acciones propiciadoras

  • Fomento de la investigación científica relativa a la crianza saludable y difusión del conocimiento disponible. 

Parece que, salvo las de carácter médico y alguna honrosa excepción entre las demás, las entidades privadas y públicas interesadas en la infancia y las familias descuidan su puesta al día en la fundamentación científica de sus actividades.

  • Promoción de una valoración fundada de la crianza familiar.

Al no tener expresión  monetaria, los indicadores macroeconómicos no reflejan ni el valor actual de esa actividad y su efecto de evitación de costes futuros por los problemas que se derivan de la crianza insalubre. En el orden social, como otras que se realizan de modo gratuito, la crianza familiar directa es calificada de “informal”, con lo que se ocultan sus aportes a la relación personal genuina y la salud y el bienestar.


  • Promoción de la conciencia relativa a la riqueza relacional de las familias y de la virtualidad en ese orden de la crianza, que genera aportes también por parte de los niños.

En relación a este último aspecto, se observa una amplia y sostenida atención de los ideólogos y aun de los investigadores empíricos a las cargas personales y a los costes de oportunidad que genera la crianza,  frente a un escaso interés por los retornos positivos –siempre que se cuente con los oportunos apoyos- que procura la realización familiar de dicha función. En el mismo sentido, se descuida la valoración de las pérdidas en el desarrollo personal y de las frustraciones que se siguen en muchos casos de la renuncia o el retraso a/de la mater-paternidad y de la incorporación laboral precipitada de las madres. 

  • Promoción de una conciencia fundada del significado humano de las dedicaciones familiar y laboral.

En relación con esa dualidad, importa notar que el trabajo y el empleo no deben ser considerados fines en sí, sino medios para la contribución de los individuos al bien común y, en el orden particular, para el sustento y el desarrollo personal y familiar. La consideración del trabajo como un medio debe llevar a armonizar el deber individual de realizarlo con las capacidades y las vocaciones de los individuos –en especial la parental- y, sobre todo, con  la responsabilidad de la crianza saludable. La obstrucción de este ejercicio parece una de las más graves acciones de alienación posibles. 

  • Apoyo a la igualdad genuina 

Coincide objetivamente con el fundamentalismo económico-laboral el movimiento en pro de la igualación material y mimética de las carreras laborales de las mujeres con las de los varones. Con esta orientación, no sólo se bloquea la vocación procreadora de unos y de otros, sino que se niega cualquier derecho y protección equitativa a la mujer por la aportación diferencial que supone la maternidad. Tomando como referencia la igualdad racional de oportunidades de mujeres y varones, la acción en pro de la misma debe tener en cuenta y comprometerse con el papel diferencial de la mujer en la procreación y la crianza y con el diferente patrón evolutivo de las clases sexuales. En el orden individual, la racionalidad exige que no se impongan los diseños sociales arbitrarios sobre los intereses de los concernidos y sobre su autonomía de decisión.

Acciones directas generales

  • Promoción de la salud infantil orientada, tanto a la prevención y atención de situaciones críticas, como a la procura del desarrollo saludable de los niños. Esta actividad debe ser realizada por agentes sanitarios y alcanzar a los progenitores potenciales y actuales, así como a los familiares colaboradores.

  • Ampliación de las políticas públicas y de la acción societaria tradicional relativa a las familias y a la infancia de modo que, además de mantener y perfeccionar la atención a las situaciones carenciales críticas, o a aquellas en que los padres puedan tener dificultades psicológicas, se extienda al común de las familias en pro de facilitarles la crianza directa con calidad y satisfacción.

Por la gran dependencia de la acción privada de las contrataciones y subvenciones de los poderes públicos, éstos tienen la posibilidad, no solo de asumir la citada política, sino de inducir su extensión a los sectores privados.

Políticas públicas específicas

  • Ampliación de las medidas públicas de conciliación genuina, en especial los  permisos parentales subsidiados y en situación de alta en la Seguridad Social.  

  • Ampliación y mejora de las prestaciones y ayudas económicas 1) por hijos propios y adoptados,  2) por acogimiento familiar de menores.

  • Institución legal de la garantía de acceso a programas y servicios para la infancia posibilitadores de su permanencia en entornos idoneos, como: 1) atención en el domicilio familiar, 2) atención en el domicilio de la prestadora del servicio, 3) redes comunitarias de cuidadores, 4) bancos de tiempo.

Aportaciones de los empleadores privados y públicos

  • Racionalización de horarios, en el sentido que postula la Comisión Nacional para ese fin.   

  • Ampliación de las aportaciones libres de los empleadores a la conciliación de la vida laboral y familiar. Aparte de las posibles mejoras en materia de licencias y permisos, es particularmente propio de los empleadores avanzar en la dirección de la flexibilidad del modo de prestación laboral: diversidad de jornadas, horarios flexibles, teletrabajo, etc.

* * *


No se incluye en la tabla de medidas anterior la escolarización –o preescolarización- infantil en los primeros años por no estar indicada la misma para la crianza saludable. Este es un criterio general que puede no ser aplicable a casos de niños en edad de crianza carentes o deficitarios de atención familiar. Aun cuando, como quedó dicho, las propuestas anteriores no se refieren a estos casos, parece oportuno decir al menos lo siguiente: las ratios de cuidadores-niños de  los servicios colaboradores o sustitutorios de la crianza familiar deben posibilitar la atención individualizada que el niño necesita en esa etapa de su desarrollo.   

                   

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