2 de julio de 2012

Y EL DEFENSOR DEL MENOR CERRÓ SUS PUERTAS

Y el Defensor del Menor cerró sus puertas…
Por José Antonio Luengo, exJefe del Gabinete Técnico del Defensor del Menor


Cuando escribo estas líneas acabamos de cerrar las puertas del Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid. Para siempre. No es mi estilo, y espero que nunca lo sea, exponer de forma ácida lo que me pasa o siento. Más bien intento, no siempre lo consigo, situarme desde una perspectiva de hecho consumado y mirada hacia adelante. Pero no siempre lo consigo. Voy a intentar que éste sea uno de esos momentos en que mis palabras se ajusten a lo que quiero decir ahora, con sencillez y ánimo tranquilo, sin rencor alguno. Estas cosas pasan.La cosa está hecha y, como decía, para siempre. Atrás van a quedar 16 años y medio de Institución, de trabajo serio, comprometido, de ilusiones y momentos duros. De estos, muchos. Quien suscribe ha tenido la fortuna y el privilegio de trabajar en esta casa los últimos diez años. Era mayo, finales de mes, un viernes sobre las dos de la tarde. 2002. Entraba a mi despacho después de tomar un café. José Antonio, han llamado del Defensor del Menor, me dijeron. No tardé mucho en contestar. Qué querrán esta vez, no paran, estoy yo para ponerme a contestar al Defensor… Más o menos la cosa fue así. Diez minutos después de contestar a la llamada salía del despacho con la sensación de que mi vida iba a cambiar mucho en poco tiempo. Acababan de proponerme trabajar con ellos. Qué querrán esta vez… Tiene narices la cosa. Se arma uno de paciencia para argumentar sobre alguna de las muchas cuestiones sobre las que el Defensor nos solía consultar a la Consejería de Educación, esperando poder dar una respuesta razonable y sólida a cualquiera que fuera su requerimiento y se encuentra con que te hacen una oferta de trabajo. Irrenunciable, por cierto. Y te cambia la vida. En un pis-pas
Nunca me he arrepentido; diez años, casi nada. Diez años aprendiendo, conociendo y elaborando proyectos de elevadísimo interés profesional y personal. Compartiendo un trabajo edificante, pulcro, sensible, adictivo. Así empezó mi historia con y en la Institución. En la que he hecho de casi todo. He sido un afortunado y lo digo alto y claro. 

Pero quiero hablar de la Institución, hablar de la casa, de esta oficina con tanta historia. No hemos podido llegar a la mayoría de edad. Ni los 18 años hemos podido alcanzar. Da pena, la verdad. Da pena ver cómo tanto trabajo no puede proyectarse en el futuro; pero el trabajo hecho ahí queda. Y los que hemos tenido la oportunidad de contribuir en él podemos estar orgullosos de su desarrollo, de su intensidad. Uno siente tristeza al contemplar que ya no se hará. Los informes anuales de la institución dan cuenta de lo realizado. Este es el espacio en que quedarán archivados para siempre. Pero ni siquiera esos documentos ilustran la vida que surgió y nutrió cada día en la Institución. Ni de lejos. La escucha, la preocupación, el trabajo técnico y concienzudo, la valentía de ir tras objetivos inicialmente insospechados. Y detrás de todo esto, la gente; con sus problemas, sus sufrimientos, su dolor.
Tres personas han sido titulares de la Institución. Javier Urra, Pedro Núñez Morgades y Arturo Canalda. He compartido trabajo con los dos últimos. A Javier, el primer Defensor del Menor, tuve la suerte de conocerle hace ya mucho tiempo. Un buen tipo. Ha hecho mucho por la infancia y la adolescencia; y por la psicología. Ambas cosas son muy de agradecer. Con su particular estilo, que él no oculta ni niega. Pero ha contribuido a visibilizar la tristeza y dolor por la que discurren las vidas de no pocos niños y adolescentes. Y ha sido valiente en sus ideas y posiciones. Pero aquí, en este conjunto de reflexiones, quiero hablar de aquéllos a los que he conocido bien. Con uno, Pedro, fui Asesor y Secretario General; con el segundo, Arturo, fui Secretario General durante cuatro años y Jefe del Gabinete Técnico, en estos últimos dos años. Cada uno con sus formas, principios, estilos y maneras. Han sido dos excelentes Defensores. Negar esta realidad sería una desfachatez y una burda mentira.

Pedro aportó su experiencia, su capacidad para la negociación, para el diálogo, para la construcción compartida de conocimiento y proyectos. La modestia, la elegancia, la educación. Pedro Núñez Morgades edificó una nueva Institución. Desde los cimientos creados en el anterior mandato. Basada en el trabajo conjunto, en la sindicación de fuerzas. Sin protagonismos exclusivos ni excluyentes, sin fuegos artificiales; con eficacia, rapidez en los procedimientos, trabajo compartido. No siempre teníamos las cosas claras, pero a Pedro, eso, nunca le dio miedo. Y es que, a veces, es imposible ver e interpretar todo de manera incuestionable. Se prestaba a la reflexión. Hizo de esta la mejor virtud. Y, por supuesto, tampoco tuvo miedo a la duda, a la incertidumbre. Tenerlo todo siempre claro es imposible. Tener siempre razón, más imposible. Los medios le querían, le quisieron (le quieren); porque siempre daba. Lo que tenía, casi siempre mucho, pero daba. la Institución creció. ¡Vaya si lo hizo! Estabilizó sus raíces, extendió su copa. Hasta límites difíciles de describir. Una suerte estar a su lado. Un ejemplo de cómo hacer. Incluso, de cómo pensar. ¡Un maestro, vaya! En mi modesta opinión, al terminar su mandato, no fueron justos con él desde el que fue y volvió a ser su Partido. Su comportamiento, desde la constancia y la moral, fue intachable. Siempre.
Arturo Canalda sustituyó a Pedro Núñez Morgades en noviembre de 2006. Pudo haberme fulminado nada más llegar pero confió en mí. Siempre le estaré agradecido. Las cosas, con el paso del tiempo, permitieron que cuajase una relación de confianza mutua que, sinceramente, me hace sentir bien. Con él las cosas se han hecho de otra manera, y, creo,  se han hecho bien. Es una persona honrada, con sus ideas, sus modos de ver e interpretar la vida, con sus servidumbres, claro, como todos. Y nadie debe dudar que ha sido honesto y justo. Y ha sabido desarrollar ámbitos de investigación y propuesta que, probablemente, solo con él han podido salir tan bien como han salido. Menos mediático que sus antecesores, ha buscado la eficacia huyendo de la notoriedad. No siempre lo logró. Pero es que los temas que se abordan en la Institución no suelen ser neutros y cuando los medios de comunicación capturan una posible noticia… abróchense los cinturones porque no sabemos dónde puede aterrizarse (dicho esto con el mayor respeto a la prensa, que, ordinariamente, hace su trabajo y lo hace bien. Las actuaciones de Arturo Canalda y de la Institución en materias tan sustantivas en el momento actual como las Tecnologías de la Información, la reforma del Código penal en materia de delitos contra la indemnidad y libertad sexual con menores de edad, la orientación a las diferentes administraciones para la intervención en los núcleos chabolistas, la intervención protocolizada en los procesos de detección  e intervención en el maltrato infantil o la mejora de los procedimientos de adopción y acogimiento, entre otras, no pueden ni deben ser obviadas. Detrás hay mucho trabajo, serio y responsable, y una decidida apuesta por que las cosas se hagan mejor. De una vez. Con él, no lo olvidemos, se puso en marcha el Consejo de Participación Infantil de la Institución. Y, a través de esta iniciativa, se pusieron en marcha no pocos proyectos de sumo interés en un ámbito tan relevante como la reflexión sobre el espacio protagónico de niños y adolescentes en nuestra organización social. Los grupos de la oposición no fueron, también según mi modesto criterio, justos con su trabajo. En especial el grupo recién llegado, cuyos constantes alegatos contra una Institución que siempre desconocieron, al final tuvieron eco. Pero es solo mi opinión, y puedo estar equivocado.
Y con él, con ellos, los tres Defensores, un buen número de profesionales formados y cargados de ilusión. Rectos y responsables. Un día tras otro, Mil y una situaciones comprometidas encima de la mesa. Investigación, reflexión, firmeza… Y también dudas. Por qué no. Dudas sobre cómo afrontar de la mejor manera la inviolable tarea de ayudar al que peor lo está pasando, al que solicita ayuda, orientación. Ellos también se merecen un homenaje. Discreto, sin alharacas, pero justo. Muy justo. Atrás quedan más de 25.000 quejas atendidas y expedientes instruidos, cientos de recomendaciones a las Administraciones en diferentes materias, mejora de procedimientos, recordatorio de deberes, reforma de normas y textos legales; atrás quedan también en torno a 100.000 llamadas telefónicas atendidas, solicitudes de información y asesoramiento. Atrás quedan, también, muchos jirones… También quedan recuerdos incómodos,  casos sin cobertura legal para la intervención, situaciones desesperadas y, por qué no decirlo, alguna equivocación, de criterio, forma o procedimiento. Perdón, de todo corazón, en estos casos.
Nos vamos. Adiós. Para quien suscribe, todo un privilegio haber vivido esta experiencia. En ella he sido asesor, secretario general, jefe del gabinete y ahora, en estos últimos quince días, defensor en funciones. Hasta que Ignacio, el secretario general actual y yo mismo, entregamos las llaves el pasado viernes 29 de junio. Pero ha sido un regalo vivir esta historia. Ahora, todo por delante otra vez. Con renovada ilusión. Desde estas líneas, en el contexto de las responsabilidades que he tenido durante estos diez años, mi agradecimiento más sentido a los que han trabajado en la Institución y con los que he compartido alegrías (las más) y alguna que otra tristeza. A todos. 



Algunas referencias de trabajo de la Institución


Documento Bases para la promoción 
de la convivencia en los centros educativos
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Protocolo para la prevención y actuación 
ante situaciones de maltrato en la Comunidad de Madrid, 2011
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Visita a Centros de menores en Marruecos













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