5 de septiembre de 2016

Acoso entre iguales (13): El profesorado y su responsabilidad

José Antonio Luengo


Este curso debemos dar la cara, más si cabe que nunca, y mostrar nuestro compromiso contra el acoso, el maltrato y la violencia entre iguales. Sé que no es fácil, nunca lo es. No es fácil detectar, en muchas ocasiones. Con los tiempos de que disponemos, el ir de aquí para allá, las exigencias del día a día, los fuegos que han de apagarse ordinariamente trabajando con adolescentes. No es fácil ver cuando lo sustantivo no aparece mientras estamos ahí, ante ellos y ellas, en el complejo proceso de enseñar y aprender. No es fácil intervenir. Incluso cuando ya se ha hecho evidente lo indeseable. No es infrecuente el miedo a equivocarse, a dar pasos inadecuados que, incluso, pueden alterar las exigencias de los procedimientos. No es sencillo hilvanar cada acción, con chicos y con sus padres. Con otros profesores, incluso. Pero hemos de hacerlo. Multiplicarnos si es preciso para generar seguridad, cercanía, amabilidad, compromiso e implicación. Y construir modelos de convivencia pacífica.

A veces no es fácil ver. Y saber qué pasa a ciencia cierta. Y hacerlo bien tras la evidencia de que pasan cosas que no deberían pasar. Pero hemos de articular, entre todos, procesos y procedimientos claros, conocidos, elaborados por todos y todas las que configuramos la comunidad educativa en la que trabajamos. Nuestros alumnos deben saber que están seguros. Y sentirse seguros. Seguros, también, de poder hablar sin miedo. A la mayor brevedad. Con confianza y esperanza. Sin dudas.

Y esto pasa por mostrarnos. Hacernos ver. Hacer ver a nuestro alumnado que estamos ahí. Que somos más que expertos en disciplinas a evaluar. Que somos personas. Que nos importan nuestros alumnos. Hemos de decirles, alto y claro, con palabras y sin ellas, que estamos del lado de todos, pero especialmente de los que más dificultades van a tener y tienen. Entre otras cosas, en su capacidad para afrontar las relaciones interpersonales, para encarar las dificultades de trato. En ocasiones con resultado muy doloroso. Sobre todo con quienes llevan tiempo aprendiendo que lo mejor es bajar la cabeza y no hacer. No decir nada. Por si acaso, para evitar males mayores. Especialmente atentos y solícitos hacia quienes suelen callar ante lo adverso, tragarse sus miedos, agacharse sin más. Como quien no existe, como quien no sufre, como quien desea, solo, que la tierra se abra bajo sus pies y pueda desaparecer…

Y esto, el compromiso y la implicación contra el acoso entre iguales, pasa por hacer explícito que la violencia, con nosotros, es inaceptable. En cualquiera de sus formas o manifestaciones, intensidad o naturaleza. Se trata de prevenir, claro. Y de educar, en el sentido amplio del término. Y desplegar la empatía, la cercanía, la solidaridad, el apoyo mutuo, la sensibilidad entre nuestros chicos. Y la compasión, la ternura y la humanidad. Como instrumentos esenciales para la dignidad de trato, la paz y la convivencia democrática. Se nos pide que estemos, que seamos, que nos hagamos notar. También en esta responsabilidad. Que es nuestra. Y demos participación y protagonismo a nuestros chicos y chicas en esta tarea. Están mucho más cerca de nuestras intenciones de lo que pensamos.

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