26 de noviembre de 2014

Repercusión nacional de la Guía «Ciberbullying: prevenir y actuar»


La Guía «Ciberbullying: prevenir y actuar», editada el pasado mes de junio por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid en colaboración con la Fundación Atresmedia, y cuyo autor es el psicólogo educativo y reconocido experto en este ámbito D. José Antonio Luengo, está teniendo una gran repercusión en los medios de comunicación y en numerosas entidades e instituciones locales, autonómicas y nacionales.




23 de noviembre de 2014

Nuevos retos en la convivencia

I JORNADAS PARA EL BUEN TRATO A LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA
Ayuntamiento de Fuenlabrada
21 de noviembre de 2014

Conferencia Marco: Nuevos retos en la convivencia




Presentación de la Conferencia


16 de noviembre de 2014

A veces un recuerdo

A veces un recuerdo
José Antonio Luengo




A veces te asalta un recuerdo. Como te sobrevienen las dudas. O el miedo. O el rencor, la alegría o la pena. Te asalta en el sentido explícito de la palabra. Sobreviene, irrumpe, acomete repentinamente, por sorpresa. De pronto. Pretende, claro, conquistarte. Superar tus defensas;  y se despliega,ya, en tu mente. En tus pensamientos.

En ocasiones enseña el recuerdo sus puntiagudas garras. Las que quieren agarrarte y, si pueden, desgarrarte. Pausadamente, que hace más daño.  Te atrapan y, zas!, te vapulean, golpean y zarandean. Como un pelele. Así te sientes. Eres, en ese momento, un muñeco de paja lanzado de aquí para allá sin saber cómo parar, cómo huir. Del dolor que te asalta. Ese recuerdo que te oprime y te lleva a la mirada amarga de lo que hiciste, te hicieron, viste o viviste. O vivieron.

A veces, sin embargo, tenemos suerte y el recuerdo nos envuelve en dulces imágenes, olores y aromas que entendíamos enterrados, pasados a mejor vida. Pero que endulzan, rápido, nuestra mirada, ese pequeño momento que,  sin pretenderlo, enciende mil sensaciones del cuerpo y del alma. Esas que nos recorrieron, sin percibir, entonces, el ancla que depositaban en el lecho húmedo de nuestra vida.

Y, por supuesto, hay veces, benditas veces a mi entender, que inunda tu ser una suerte de marea nostálgica, unida a ese momento, a esa tarde, a esa cálida noche. A esa mano en tu mano, esa pupila dilatada, ese andar callado, ese torpe decir o hacer, inundado por el nervioso runrún que bloquea tu mente… No son estos recuerdos de sonrisa fácil, de alegría sin contención. Son más bien, a ellos me refiero, gotas de nostalgia que golpean tus sienes. Y envuelven tu pensamiento de dulce tristeza. De mágica sensación de melancolía. No saltas ahí, en ese instante. No hay júbilo ni brincos. Hay, más bien, cierta dosis de tristeza. Suave, delicada, sin embargo. Amable, incluso. Ven, mira, escucha, toca, parece decirte. Ven, sonríe, detente, calla… Conmuévete!

Son instantes, a veces un poco más que instantes. Se unen a nuestro ser por segundos, minutos, un buen rato, si somos listos. Traen a tu vida, la actual, esa parte de la que viviste y te hizo bien. Te hizo importante. Dueño de un alma, de una vida, de un presente, de alguien querido. Muy querido. Normalmente, sí, con alguien amado.

Pasó, los sabemos; no vuelve; lo sabemos. Pero está en mi mente, es decir, que sí está. Dormía acomodado, calentito, en los cojines donde tu existencia ha ido acomodándose, poco a poco, progresivamente, ordenándose sola para dar paso a nuevas historias, nuevos hitos, nuevos retos. Pero vive en ti,  confiada de aparecer. Un día. Y asaltarte. Como te asaltan las ideas, o la ira, o el reproche, o el amor. O el silencio.

A veces surgen. Nostalgia en tu presente que habla a nuestro corazón de luces de paz en tu pasado. De momentos tranquilos y felices. Al abrigo del calor de los tuyos. O del sol. O de la luna de agosto. Majestuosa en el cielo. Tan lejos y tan cerca.

Estos recuerdos deben- ser- cosa de la edad, creo. O, al menos, es posible que así sea. Llegados a cierto tramo del camino, la mente busca encontrar momentos para refrescar tu existencia. Deseosa de seguir sintiéndose útil, te acerca al pasado aprovechando resquicios, episodios, lugares, olores o simplemente momentos de soledad. Ahí se encuentra a sus anchas. Y dibuja líneas, trazos; lanza susurros, te sopla a los ojos o acaricia tu brazo… E insinúa luces, arena, hierba, sabores y aromas. Y a veces, no siempre, su sigilosa estrategia da en el blanco. Y vuelves al pasado. A un pasado ligado a la infancia, a los tuyos, tus hermanos, tus padres, tus primeros amigos, la gente con la que viviste y te hiciste. Con su calor, a su regazo. La nostalgia anida en ese pasado, en ése especialmente; en el de los juegos,  las conversaciones durante la cena, los paseos. O el día en la playa. Esa noche de verano, todos juntos, retrasando adrede la hora de irse a la cama. Esa noche interminable, donde el fuego, el calor, la risa, el diálogo, la complicidad y el cariño flotaban y recorrían cada instante vivido. Inspirador e irrepetible.

Hoy volvía a pasear con mis padres y hermanos camino de la estación. Con mi bici trazaba mil piruetas, millones de pequeños e impredecibles giros. La sonrisa de mis padres, la conversación con mis hermanos. Mi madre pendiente de dónde andaba yo con la dichosa bicicleta. La mirada paciente, contagiosa y cómplice de mi padre. Atardece y vamos juntos los seis. Nos espera la estación de tren. Y su mágico ir y venir de locomotoras y mercancías. Nos espera la cantina, su terraza. Allí nos esperan los refrescos,  las aceitunas y las patatas fritas. Y más sonrisas. Y miradas. La magia del cariño, del amor incondicional. Incombustible.


Aún tiemblo.

16 de octubre de 2014

Presentación del Proyecto Alumnos Ayudantes TIC en el COP




El 14 de octubre de 2014 tuvo lugar el acto de presentación del Proyecto de Alumnado Ayudante TIC en la sede del COP, en Madrid. El acto inauguraba el ciclo de Jornadas y Conferencias organizadas por la Sección de Psicología Educativa del Colegio de Psicólogos y congregó a un buen número de profesionales de esta especialidad. Presentado por Antonio Labanda, Coordinador de la Sección de psicología Educativa del Colegio, la exposición estuvo a cargo de Paloma Vacas, Psicóloga y Jefa de Estudios del IES los Rosales, de Móstoles, uno de los centros pioneros en la implementación del citado proyecto, y de José Antonio Luengo.






24 de septiembre de 2014

Esto no es como empieza, sino como acaba: competiciones deportivas.

Esto no es como empieza, sino como acaba: competiciones deportivas.
José Antonio Luengo

Publicado en Web del Getafe C.F.




En la actividad deportiva, y, en general, en cualquier actividad de medio o largo recorrido que tenga que ver con nuestra vida, todos hemos experimentado que una cosa es cómo empezamos y otra, en no pocas ocasiones cómo termina. Nos preparamos, miramos hacia un lado y hacia el otro, inspiramos profundamente y nos decimos “allá voy, que sea lo que Dios quiera…”

Lo correcto, lo lógico y razonable es prepararse bien, orientar bien la mirada, escuchar lo que suena a nuestro alrededor, interpretar las muy nombradas sensaciones, y lanzarse. Empezar a andar, sabiendo que el camino suele ser largo, que surgen imponderables, circunstancias no esperadas. Mirar al final del camino, anticipadamente, es un error. Imperdonable. Que suele pasar factura. Suele funcionar mejor la estrategia  del paso corto, el paso a paso, peldaño a peldaño, el “partido a partido” al que tanto partido ha sabido sacar un entrenador, un grupo humano y un equipo de fútbol por todos bien conocido.

Empezar no es fácil, no suele serlo. Nunca se está del todo preparado para iniciar los procesos. En el mejor de los casos, tenemos la sensación de que hemos hecho lo que teníamos que hacer, que hemos dispuesto los mimbres esenciales para no solo no pasar apuros sino, y esto es importante, conseguir nuestros objetivos, los retos que dan marca y valor a nuestra empresa. Del tipo que sea. Pero solemos empezar, dar los primeros pasos; notamos cómo nuestros músculos van adquiriendo el calor y tono adecuado para trazar las líneas que deseamos trazar, ir de aquí para allá como estaba previsto. Nos lanzamos y confiamos en nuestra preparación y, claro, en nuestra intuición y también preparación para dar respuesta a las incomodidades, a los tropiezos y caídas, a los sinsabores de avanzar a una velocidad menor de la prevista. Tiramos hacia adelante sabiendo que es lo que queremos o, al menos, lo que debemos hacer. Aunque observemos cómo se tuercen determinadas líneas maestras que definimos en su día como reglas de oro para el éxito en el trayecto. Y, sobre todo, en el final del mismo.

En el deporte de competición uno no sale solo de la línea de salida. Más bien al contrario, se ve acompañado por otros participantes en la travesía. Otros que han buscado el estado de preparación óptimo para llegar bien al final de la misma. Incluso a costa de empezar con menos intensidad y fuerzas. Sabedores de lo largo que es el camino y de la necesidad de secuenciar adecuadamente el paso, y encontrar la óptima competencia en los momentos en que se entiende va a empezar a venderse el pescado…

Salimos, empezamos, todos juntos. Miramos a nuestros lados en la línea de salida y vemos legionarios que, en sus equipos o clubs, van dar la vida por competir, por seguir en las adversidades, continuar, levantarse tras las caídas y llegar a lo máximo. Conseguir la meta que se han trazado, que han dibujado en función de varios parámetros, entre los que se encuentran, claro, los mimbres con los que cuentan, el talento y calidad de los integrantes del grupo.

Solo uno alcanzará la meta máxima, a saber, llegar el primero. Y, por tanto, situar como fracaso no conseguir ese objetivo puede ser el principio del fin para la mayoría de los participantes en la carrera. Una carrea auténticamente de obstáculos, en el que las lesiones, la falta de cohesión del grupo, la pérdida de identidad de éste, el entrar en depresión tras los primeros resultados negativos y el mirar demasiado lejos, no centrándose en la responsabilidad que tenemos en cada entrenamiento y en cada segundo de cualquier partido que disputamos.

El secreto es, por supuesto, que cada equipo establezca sus objetivos con sentido común y criterio razonable. Para el 90% de los clubs que inician una temporada, dependiendo de las categorías y deportes, el norte, el objetivo, no será llegar a la meta en primer lugar. Más bien puede ser quedar entre los cinco primeros, o, incluso, mantenerse en la categoría. Porque pesan mucho las herramientas con las que cuentan unos y otros equipos diferencialmente. La cantidad y calidad de la plantilla, el presupuesto, el apoyo de las aficiones…

Pero ahí también está el éxito dibujado. Por tanto, es imprescindible fijar bien los objetivos, situar adecuadamente los posibles inconvenientes que puedan ir surgiendo, marcar bien los tiempos de evolución del equipo. Y, sobre todo, no dejarse llevar por las ansiedades cuando no se empieza del todo bien. El secreto en las carreras largas es no mirar demasiado al frente. Analizar lo que va pasando. Con honestidad. Modificar sin miedos lo que no está funcionando. Y pensar que uno alcanza su particular éxito mirando y mimando cada entrenamiento, cada jugada. Cada partido.  Los corredores de maratón lo saben bien: paso corto, análisis de la activación, capacidad para distanciarse y descargar la ansiedad, y mirar la distancia que tengo que recorrer en los próximos dos o tres pasos. No mucho más.

No todo acaba como empieza. O, a veces, sí. Depende de muchas cosas. Pero evitar el nerviosismo e ir paso a paso, cuidando el grupo y los mimbres con los que se cuenta es absolutamente imprescindible. Cuando uno hace lo que tiene que hacer en cada minúscula secuencia del trayecto, al final las cosas suelen salir bien.