28 de enero de 2016

Alumnos que enseñan a sus compañeros cómo usar y cómo protegerse en las redes sociales


El día de formación, los jóvenes estaban sentados en forma de U. "Así nadie da la espalda a nadie, pueden verse todos y hay más movimiento y acercamiento", explica José Antonio Luengo, asesor técnico docente del área territorial y coordinador del proyecto de ayudantes. Los alumnos están allí porque quieren. Se presentaron voluntarios y fueron elegidos por sus propias clases para ir unas semanas después a los colegios Concepción Arenal y Marqués de Leganés.




26 de enero de 2016

Del acoso entre iguales y sus características

EL ACOSO ESCOLAR ES, EN REALIDAD, ACOSO ENTRE IGUALES, Y ESTE ES UN MATIZ IMPORTANTE. SE DA EN LA ESCUELA O EN SU ENTORNO PORQUE TODOS LOS CHICOS Y CHICAS PASAN POR ELLA. DURANTE AL MENOS 175 DÍAS AL AÑO Y MÁS DE SEIS HORAS AL DÍA. Y CONVIVEN EN ELLA. PERO ES UN PROBLEMA SOCIAL, QUE COMPETE A TODOS.




José Antonio Luengo

Nos desayunamos cada mañana con una nueva noticia, algún caso que ha saltado a los medios. Noticias más o menos duras y traumáticas. A veces muy poco contrastadas. Noticias que, claro, llevan a otras noticias sobre la respuesta, o mejor, reacción, de las Instituciones. Planes que se divulgan, medidas que pretender abordar, definitivamente, una lacra existente y muy dolorosa pero no siempre bien tratada técnicamente, y, claro, mediáticamente.

1. El llamado acoso escolar debería ser denominado acoso entre iguales, o maltrato entre iguales, casi mejor. El lenguaje marca nuestra vidas y señalar con el término escolar este tipo de execrables comportamientos, alienta la idea o, al menos puede hacerlo, de que una vez más, la escuela no está a la altura, o que es, casi, la responsable del fenómeno. El maltrato entre iguales se da en la escuela, en los centros educativos. Allí pasan los días, más de 175 al año, todos nuestros niños y adolescentes. Durante seis o siete horas diarias entre unas cosas y otras. Y, claro, allí hay convivencia. Y conflictos. Pero no es la escuela la que abona este tipo de conductas. Al menos en la gran mayoría de los casos. Es este un problema de índole social, asociado a una sociedad que, parece, ha dado por perdidos determinados valores ligados al respeto, a la compasión, a la empatía, la ayuda, la solidaridad, el apoyo, la comprensión, la cercanía, la tolerancia. 

2. El maltrato entre iguales es un fenómeno real, que conste, y muy doloroso para quien lo sufre. De las numerosas conversaciones con víctimas de este fenómeno, al abrigo de los efectos del momento en que se produce, o pasados ya algunos años de las terribles experiencias vividas, he aprendido muchas cosas, pero cinco esenciales. Cinco que siempre me dijeron ellas, las víctimas, que por favor las contase, las hiciese visibles: (1) El situaciones de maltrato grave el dolor es profundo. Como profunda es la desesperanza que crea, la pérdida de la confianza que genera, en todos, en quienes te rodean, en ti mismo, también. (2) Las fantasías más recurrentes son dos, la de la venganza (algún día...) y, ojo, la de quitarse del medio... Muy duro. Mucho. (3) Una especialmente importante: la importancia de la ayuda de los compañeros, de los iguales. De los que casi siempre, solo, observan. Sin hacer. Basta sentir una mano en tu hombro, la mirada sincera, el apoyo de algunos amigos y compañeros para que todos sea menos duro, más abarcable, abordable...  (4) Es necesario pedir ayuda. Si no te atreves a enfrentar la situación pide ayuda. No lo dudes. Y no te retrases en hacerlo. Nunca. Y (5), de esto se sale. con ayuda, se sale.

3. Medir la incidencia del fenómeno no es tarea sencilla. Tasar un comportamiento de maltrato o acoso entre iguales no es fácil pero existen definiciones y límites, establecidos a través de la experiencia y la investigación: 1) La Intensidad de las agresiones (verbales, físicas, emocionales...); (2) la duración y permanencia de las mismas; (3) la existencia de jerarquía de poder diferencial entre agresores y víctimas;  y (4) la intención de hacer daño. Pero medir el impacto del maltrato, sus consecuencias precisa asimismo de la consideración de variables no poco importantes. Entre otras, (1) la red de apoyo social de la víctima; (2) las características y personalidad de la persona agredida, sus habilidades de afrontamiento; (3) la respuesta de los iguales, de los observadores; (4) las condiciones de seguridad y posibilidad de denuncia existente en el entorno; (5) la implicación de tutores y profesores en la promoción de la convivencia pacífica, y la medidas (y su rapidez y efectividad) de prevención, detección e intervención definidas en el centro educativo;  (6) la respuesta de los padres de la víctima en la secuencia de actuaciones; (7) la respuesta de los padres y entorno de los agresores en el proceso de investigación de los hechos y la implementación de las medidas; (8) la existencia (y calidad) de respuesta por parte de apoyos especializados; (9) la comunicación familia-escuela; y (10) el clima de convivencia que se vive en el centro educativo.

4. La incidencia que se cita al abrigo de determinados estudios no es correcta. Hablar del 25% de incidencia es una exageración injustificada. Los estudios más rigurosos hablan de porcentajes entre un 5 y un 10%, que ya son muchos niños en términos de números absolutos. Ningún profesor dará fe de unos porcentajes estimados que situarían un escenario de 200 niños maltratados por sus compañeros en un instituto de 800 alumnos. No es verdad.

5. Los centros educativos han reaccionado, y siguen haciéndolo. Cada vez  con más sensibilidad, y más herramientas y más conocimiento. Pero no es suficiente. Como no son suficientes los recursos de apoyo, intervención y orientación psicológica. Como no es suficiente, tampoco, la formación que sobre estos contenidos se da en la Facultades de Formación del Profesorado. Es necesario insistir en formar adecuadamente, dar buenos instrumentos, para detectar. E intervenir. Pero sobre todo, para prevenir. Y en esa asignatura tampoco aprobamos. Sin perjuicio de las responsabilidades inherentes al ejercicio inexcusable de la patria potestad de los progenitores, los centros educativos tienen que ser también, más que nunca, escuelas de convivencia. Y escuela de ciudadanos. Ahondando, por supuesto, en la ciudadanía digital. Imprescindible ya. Sin dilación ni excusas. 

6. Y una cosa más. Creo que los centros educativos tienen gran capacidad de respuesta, en el ámbito pedagógico y educativo, si se hacen bien las cosas. Y que es en este contexto donde deberían adoptarse las medidas encaminadas a la resolución de este tipo de situaciones, Pero las actuaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado son necesarias en ocasiones. Porque en no pocos casos estamos ante comportamientos tasados como delitos por nuestro Código Penal. Y con agresores con más de 14 años. Con las implicaciones que esta circunstancia tiene por mor de lo establecido en la Ley 5/2000 de Responsabilidad Penal de los Menores. Y por la obligación que tenemos como ciudadanos, y más como profesores, si es el caso, de notificar aquellos comportamientos que pudieran vulnerar los derechos más sagrados de terceras personas, y más siendo niños, niñas o adolescentes. La acción coordinada y la sensibilidad son necesarias siempre, pero más en estos casos.


22 de enero de 2016

#borraelacoso

A mis alumnos, os echaré de menos
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José Antonio Luengo

Os echaré de menos. No tengo dudas. No lo dudéis. Tampoco hace falta decirlo mucho. Porque se nota. Se nota el afecto, el cariño, la complicidad creada. Os echaré de menos cada miércoles, vuestras miradas intensas, cargadas de interés, de ganas por aprender, por ser mejores personas, por buscar en vuestro interior aquello que os permita ser, en breve, maestras y maestros vivos, generosos, implicados, sensibles. Y también formados. Formados desde y para la ternura. Porque no hay educación sin ternura.

Procuraré estar cerca, en cualquier caso. Sigo siendo vuestro tutor durante lo que resta de curso y sabéis que bastará una llamada, un mensaje, para eso, estar cerca. Y ayudar, colaborar, mediar. En lo que haga falta.

Cada año es diferentes, los grupos son diferentes, diferentes los rostros, las individualidades, pero también los grupos, su configuración, cohesión, singularidades. Vosotros, vosotras me habéis enseñado mucho. Mucho más de lo que yo mismo haya sido capaz de trasmitir. No son palabras huecas.

Hablo desde el corazón pero no solo. Vosotras, vosotros me habéis hecho mejor, cada día. La necesidad de pensar en lo que solicitáis, en ocasiones hablando, solo mirando en otras. O sonriendo. O, sencillamente, escuchando. Me habéis hecho mejor con vuestra actitud, los intereses mostrados, el trabajo hecho cada día. Con vuestro esfuerzo cada tarde. Terminando las clases a las horas a las que las termináis. Y siempre, aun con cansancio, con la ilusión en los ojos.

Os echaré de menos. Pero este sentimiento es el mejor motor para seguir. Seguir queriendo estar, ofrecer. Lo que uno puede y conoce. Y ha aprendido. Y estaréis en mi corazón. Siempre.

















11 de enero de 2016

Los sueños, el nuevo año y la pirámide de Maslow




José Antonio Luengo

La llegada del nuevo año suele traer consigo muchos deseos entrecruzados. Deseos que entre unos y otros nos lanzamos, casi frenéticamente, aprovechando que el año cambia y se nos va entre los dedos el que teníamos. Lo digo, sobre todo, porque entre los dedos parece que discurre la vida entre conversaciones y grupos de WhatsApp.

Deseos y más deseos que expresamos a nuestro alrededor, muchas veces de modo poco personal, todo hay que decirlo. En otras ocasiones, cuidando y madurando lo que decimos y le decimos a personas singulares, a las que queremos decir algo especial. Porque las consideramos, a ellas, también especiales.

Deseos y más deseos que sueñen recoger el término sueño de modo frecuente. Que se cumplan tus sueños… Este suele ser un deseo habitual. Que tus sueños se hagan realidad. Que se cumplan y, consecuentemente, que seas feliz… Tú y todos los tuyos.  Palabras con la mejor de las intenciones. Referencias a un futuro mejor, a corto y medio plazo al menos.

Lo cierto es que los sueños, en ese escenario, hacen referencia a anhelos, a deseos, a objetivos, a propósitos. Es decir, a proyectos que las personas deseamos ver cumplidos y cumplir así con expectativas que un día nos pusimos en el horizonte de nuestro andar cotidiano por la vida que tenemos. No se hace referencia, claro, a los sueños que aparecen mientras dormimos y que, en no pocas ocasiones, se dan en forma de pesadillas. Esas que nos despiertan sobresaltados y sudorosos. Aunque también, todo hay que decirlo, también soñamos con cosas y situaciones que firmaríamos sin dudar para que se dieran con frecuencia, con más frecuencia, pero en la vida real.

Pero los sueños que señalamos en nuestras buenas intenciones se refieren a otras cosas normalmente. Curiosamente sin saber siempre muy bien cuáles son o pueden ser los que el receptor de nuestro mensaje atesora en su mente y corazón. Es un deseo en genérico, abierto a mil opciones. Las que tú sientas y desees… Y estos deseos se reciben bien, con una sonrisa en la boca y un pellizquito en el corazón. Primero porque se acuerdan de nosotros y, también, por supuesto, porque apelan a logros por conseguir, objetivos que cumplir. En nuestras vidas. Deseos e intenciones, que deben hacernos pensar, lógicamente, en necesidades que vemos cumplidas o queremos ver cumplidas en el futuro.

En 1943, el psicólogo Abraham Maslow formuló en su Teoría sobre la motivación humana una visión jerárquica de las necesidades humanas, argumentando que según se van satisfaciendo las necesidades más básicas (las fisiológicas y las de seguridad), los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos más elevados (de afiliación, reconocimiento y de autorrealización, por ejemplo). El planteamiento de Maslow dibujaba una secuencia aparentemente lógica en el que unas cosas parecían llevar a otras.   Algo así como lo que pretende argumentar la expresión latina Primum vivere, deinde philosophare, esto es, primero vivir, después filosofar. Desde esta perspectiva, si no disponemos de determinados mimbres básicos y esenciales en nuestras vidas, poco habría que opinar sobre miras y objetivos más elevados. No obstante, incluso una visión tan ordenada de nuestros andamios mentales y emocionales (y también de los materiales, por supuesto) no es incompatible con la flexibilidad que la propia teoría señaló en su desarrollo. Porque las necesidades más elevadas no surgen siempre y en todo caso en la medida en que las más bajas van siendo satisfechas. La experiencia así nos lo muestra día a día. Personas que poco tienen en lo material y son capaces de iluminar cada momento de quienes vivimos a su alrededor. Con la sonrisa, con su manera de estar y ver el mundo, con su generosidad, incluso. Pero, claro, esto es muy fácil decirlo. Hay que vivirlo. Y estar ahí… Por eso es comprensible entender que, con frecuencia, apelemos más bien a la prudencia en nuestra manera de enfocar los deseos y anhelos. pensando en lo que ya tenemos, e invocando también el dicho virgencita, virgencita, que me quede como esté… Como temiendo desear demasiado no vaya a torcerse y colapsar lo que en la actualidad sostiene nuestras vidas.

La gradación propuesta por Maslow configura en cualquier caso un entendible proceso, flexible, por supuesto, pero razonable en su exposición. Un proceso que funciona, seguramente como vasos comunicantes, comunicando nuestros espacios, nuestras necesidades y permitiendo la conexión profunda entre unas y otras, la permeable influencia en forma de estado de ánimo, maneras de ver las cosas, lectura de la realidad.

En cualquier caso, los deseos invocan objetivos, metas más o menos importantes. Que satisfacen necesidades, alimentan, según se van cumpliendo, nuestras almas y nos permiten sentirnos  más a gusto con nosotros mismos, más enchufados, tal vez más realizados. Y, en fin, ya sabemos cómo funcionan los círculos, tanto viciosos como virtuosos. Basta un paso en falso, un tropiezo, una caída, para que surjan dudas que no hubieran aparecido si hubiéramos podido acertar, mantenernos erguidos y estables. Y basta poco, a veces una simple sonrisa de alguien cercano, un halago sencillo, un saludo sin más, para que sintamos que las cosas van y pueden ir mejor.

Vasos comunicantes. Las felicitaciones con las que deseamos que se cumplan los sueños que atesoran en su alma aquellos a quienes estimamos no son simples brindis al sol, sino más bien deseos de hacer pensar a quien nos dirigimos en aquellas cosas que pueden situarle cerca de muchos pequeños buenos momentos, probablemente los que nos ubican en eso que llamamos felicidad. Y esto, afortunadamente, es algo muy personal. Pero, en el fondo, ya lo decían nuestros mayores, salud, dinero y amor. Que es otra forma de concebir, a lo simple, la señalada pirámide de nuestro amigo Maslow.

Y todo ello sin perjuicio de la manida expresión cuidado con los deseos, que a veces, a veces, se cumplen…

Pero este es otro asunto. O no. Depende.


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