3 de junio de 2014

Guía de Ciberbullying, prevenir y actuar


GUÍA DE CIBERBULLYING, PREVENIR Y ACTUAR

Presentación de la Guía de Ciberbullying en el Colegio de Psicólogos
José Antonio Luengo

Noticia del acto

COP

Ver PDF la Guía






http://www.copmadrid.org/webcopm/recursos/CiberbullyingB.pdf




http://www.antena3.com/fundacion/comunicacion/noticias/fundacion-atresmedia-colabora-edicion-guia-prevenir-ciberbullying-cop_2014060300136.html

Entrevista en RNE
España, Vuelta y Vuelta
Con Manolo H.H.
4/6/2014





https://drive.google.com/file/d/0B0j74_gjfAMvQVZ4YURfTlU0dnc/edit?usp=sharing

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Entrevista en COPE, 29 de julio
La Noche





http://www.cope.es/player/noche4-300714&id=2014073005100001&activo=10

(A partir del minuto 18 aproximadamente)

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Noticia en  RCySostenibilidad Telefónica

http://www.rcysostenibilidad.telefonica.com/blog/2014/06/09/guia-de-ciberbullying-prevenir-y-actuar-2/

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Noticias en prensa

http://www.elmundo.es/salud/2014/06/03/538df24122601df54f8b4578.html

http://www.20minutos.es/noticia/2156674/0/colegio-psicologos/guia-ciberbullying/colegios/

http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20140609/abci-guia-ciberbullying-psicologos-201406031415.html?utm_source=abc&utm_medium=rss&utm_content=uh-rss&utm_campaign=traffic-rss
Hace tres años el Defensor del Menor en la Comunidad de Madrid editó la publicación “Guía de recursos para centros educativos en casos de ciberbullying”. La irrupción de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (en adelante TIC) en el contexto de las relaciones sociales y de convivencia de nuestros adolescentes alcanzaba por aquel entonces una dimensión de gran relevancia en el debate social sobre las condiciones en que niños y adolescentes accedían a los formatos de socialización y relación en el mundo digital. Condiciones que, en cualquier caso y circunstancia, hacían poner en cuestión las claves más sensibles en el manejo y la gestión de los principios más elementales de cuidado, atención, soporte, ayuda, apoyo y educación de nuestros niños y adolescentes en un escenario de desenvolvimiento y convivencia que, de una manera incuestionable, empezaba a formar parte de las entrañas más profundas e insondables de estos.

Hablamos de hace tres años, 2011. Y empezaban a cuajar de modo sensible los formatos de expresión, exposición, manifestación, relación, interacción y convivencia de nuestros menores de edad en las denominadas redes sociales. De un modo intenso y expansivo. Imposible de controlar. Y hasta de conocer. Los mecanismos que iniciaron esta singular  revolución, ligados a experiencias también intensas con la antigua mensajería instantánea, el manejo de los teléfonos móviles, con sus incipientes cámaras y posibilidades de mensajes a través de SMS, daban paso inexorable a nuevos y sofisticados escenarios en los que las denominadas redes sociales aparecían como contextos abiertos, de exploración y presencia inexcusable, en un nuevo ejercicio de ese viejo aforismo de que el que no está, no existe…  Y nuestros chicos entraron.

Entraron, y accedieron. Con y sin consentimiento de los padres. Más sin que con. Falseando la información sobre la edad, sobre la que obligatoriamente debían informar. Y accedieron y sin más. Sin que los adultos, responsables de su educación, padres y profesores, fuéramos enteramente conscientes de lo que esta experiencia suponía. O iba a suponer. En lo positivo, pero también en lo negativo. En lo oscuro, en lo inconveniente e irregular. En lo desagradable a veces…

Accedieron, han accedido, como elefante en cacharrería. Y lo hicieron y hacen como se suelen hacer las cosas en esa edad. Como si nunca pasara nada. Como si no pudiera pasar nada. No hace falta insistir en las incontables posibilidades que la sociedad de la información y sus herramientas esenciales, en permanente evolución y desarrollo, aportan a quienes se van incorporando en la siempre compleja tarea de ver, interpretar e interactuar con el mundo que les rodea. Un mundo hecho, normalmente, a medida de otros, de los adultos, que son quienes configuran, diseñan y, definitivamente, definen las claves de funcionamiento de las cosas que van poniendo a disposición del progreso (¿progreso?). Pero esta es una vieja y, entiendo, que interminable historia. Una historia que acuna su esencia en las estructuras de poder económico y sus inacabables ansias de seguir y seguir. Los medios siempre al servicio de un camino enloquecido hacia el hedonismo, el consumismo, la vida a todo ritmo, la ausencia de reflexión y sosiego, la pérdida de la vida interior.

Defensores y detractores de las redes en el mundo virtual se empeñan en lanzar argumentos para atacar o, por el contrario, defender un escenario tan complejo e insondable. Hemos podido pasar de tener pocos pero intensos contactos a desarrollar y tejer fórmulas de relación, tal vez más tenues, si bien, no pocas veces, con un número interminable de contactos, todo ello en la impredecible red social mundial. Puede parecernos una locura, o, tal vez, el principio del fin de los tiempos, pero, en realidad, las TIC se limitan a hacer posible nuestra ancestral tendencia a conectar con otros muchos, aunque en estos casos sea por medio de electrones que viajan por el ciberespacio y no de conversaciones que fluyen en el aire. Por muy abstractas, grandes, complejas y supermodernas que sean las redes sociales formadas en el ciberespacio, siguen reflejando tendencias humanas universales y fundamentales que aparecieron en nuestra prehistoria, cuando nos contábamos historias alrededor de la hoguera en la sabana africana. (Christakis, N. A., Fowler, J.H. 2010).

Teléfonos inteligentes (Smartphones), redes sociales y nuevas aplicaciones de mensajería instantánea han modificado en muy poco tiempo las condiciones y estructuras de la relación, sí, pero también de la vida personal, de la capacidad de cada individuo para estar consigo mismo, sin necesidad de nada ni de nadie. Y nuestros adolescentes y jóvenes, y cada vez más nuestros niños, han penetrado en este singular y divergente mundo. Sin miedo, sin miedos. Sin reticencias. Como quien entra en una habitación, simplemente abriendo la puerta, e instalándose cómodamente, con soltura, como si lo hubiesen hecho toda la vida. Bastan unos instantes para adaptarse, reconocer, conocer… Y actuar, hacer. Y ser. Porque cuando uno hace,  expone y actúa, uno es. De una manera u otra. Consigo mismo y con los demás. Expone y se expone. Dice y habla. De sí y de otros, da su opinión, ilustra, expande su parecer. En un entorno, al que nos referimos, sin fronteras, límites ni espacios para parar y pensar.
A niños, adolescentes y jóvenes se les ha llamado nativos digitales[1]. Es un término que está muy bien. Aclara mucho las cosas, sobre todo cuando se utiliza el contra-término, el de inmigrantes digitales. Se trata de conceptos que pretenden ilustrar sobre el modo de proceder y la manera en que unos u otros nos situamos ante las TIC y nuestro tiempo vital, nuestra manera de estar en la vida. Pero tampoco debe dejarnos tranquilos el término o los términos en cuestión. Ellos, los pequeños, nacen en la era digital, sí. Hasta ahí de acuerdo. Pero adquieren los conocimientos, y éstos, claro, son fruto del aprendizaje. Es decir, de los procesos, formales e informales que el mundo adulto pone a su disposición, a su alcance, más o menos ordenadamente, más o menos conscientemente. Por tanto, no es solo cuestión de nacer en sino de hacer con. Y en este proceso, por supuesto, tenemos mucho que decir y hacer. Y hemos dicho mucho, pero hecho poco. O lo hecho no ha sido suficiente, o no ha acertado con los objetivos… O con el mensaje.

Las circunstancias se mueven a tal ritmo que resulta difícil prever casi cada paso a dar. Nativos digitales, como decíamos antes. Sí. Pero, ¿podemos sorprendernos ya de algo más? Parece que sí. Según el Estudio Menores de Edad y Conectividad Móvil en España: Tablets y Smartphones[2], presentado el Día Internacional de Internet Segura[3], los niños de 2 y 3 años de edad acceden de forma habitual a los terminales de sus padres, manejando diversas aplicaciones, principalmente juegos, aplicaciones para pintar y colorear y cadenas de televisión que ofrecen series infantiles a través de estos dispositivos. Una oportunidad, sin duda. Pero también un contexto que gestionar adecuadamente.

Educar no es, no puede ser, asustar. Sino ilustrar, acompañar, hacer juntos, opinar, mediar, explicar, medir, reflexionar… porque el problema no es el mundo digital. Solo faltaría. El mundo digital es la solución de muchas cosas, por encima de todo. Pero en el mundo de la identidad y ejercicio de la intimidad y la privacidad y, especialmente, en el contexto de las relaciones con otros, la herramienta tiene que ser la educación. Por encima de todo. Cuidando los procesos de enseñanza y aprendizaje. Y tomando en consideración la educación en ciudadanía digital como, probablemente, uno de los retos más relevantes y significativos de los sistemas educativos y, por supuesto, de la educación en el contexto doméstico, familiar, en las distancias cortas, entre padres e hijos.  
   
Estamos ante un nueva brecha digital, un nuevo panorama donde los conceptos, las ideas, las prácticas, usos y utilidades se modifican sin solución de continuidad y dan al traste con argumentos y tendencias que parecían absolutamente consolidadas e incombustibles. Padres y madres con hijos pequeños, incluso adolescentes,  se manejan con facilidad en el mundo digital, impulsados, aunque no solo, por razones de índole laboral. Han descubierto el poder de la comunicación en las redes sociales, la inestimable utilidad el correo electrónico o la multifuncionalidad del WhatsApp; y se descargan aplicaciones en sus Smartphones y Tablets con asiduidad. El giro observado radica en que un buen número de niños, adolescentes y jóvenes no están dando el paso para convertirse en usuarios 2.0. y utilizar de manera eficiente las inagotables posibilidades de las TIC; sino que, más bien, se comportan como meros consumidores, ajenos o, cuando menos, alejados más de lo aconsejable, de las posibilidades de generación y producción de contenidos. No a mucha distancia, consiguientemente, de lo que hacen y viven sus padres o adultos en general[4]. Las cosas cambian con tal rapidez que es necesario revisar ideas, estudiar nuevos fenómenos, aplicar nuevas herramientas interpretativas.

El texto editado por el Defensor del Menor supuso en su día la concreción de una idea sencilla, de un humilde eslabón, de un simple peldaño en la enrevesada escalera de las acciones que nosotros, los adultos, y, en especial, educadores, maestros y profesores hemos de desarrollar para hacer de nuestros niños personas progresivamente más maduras, sensibles con el entorno en que se ubican, cercanas a las necesidades del mismo y de las personas con las que comparten, conviven y se relacionan.

Era necesario dar protagonismo a los centros educativos en el abordaje de tan relevantes contenidos para la vida de los alumnos, definir conceptos, sugerir procedimientos de trabajo; dar protagonismo a la reflexión en las aulas sobre un fenómeno natural, la necesidad de conectividad entre los grupos, que, sin embargo, albergaba escenarios oscuros, indeseables, de gran impacto y expansividad en las relaciones entre alumnos, y entre estos y los profesores y padres.

La Guía abordó de una manera directa las situaciones de ciberbullying que empezaban a conocerse, evidenciarse y, en algunos casos, denunciarse en el día a día de los centros educativos. Y se configuraba, pues, como un documento de trabajo y para el trabajo en la acción cotidiana de la acción tutorial y, de modo especial, de la responsabilidad directiva en los centros educativos. Pretendía ser, también, una guía de recursos, aportando herramientas y referencias contrastadas para la intervención,  pero también para la elaboración propia de propuestas por parte de las comunidades educativas.

El texto que ahora se edita, tres años y unos meses después, se nutre, sin duda alguna, de muchos de los contenidos, ideas y materiales aportados en la edición citada, actualizado y renovado en función de las novedades y cambios que han ido produciéndose en estos años, si bien pretende situar su propósito esencial en principios generales que ahondan en una visión más extensa del fenómeno objeto de reflexión. Y, sin perder de vista la necesidad de revisar, analizar y profundizar sobre situaciones de conflicto en el complejo mundo de las relaciones digitales, pretende enfocar la temática en el contexto de la reflexión de la idea y práctica de la ciudadanía digital, de la ética de las relaciones sociales en contextos virtuales.

Además de lo expresado, incorpora el presente texto una novedad singular. Hacemos   referencia al trabajo, en pleno proceso de desarrollo en un creciente número de centros educativos en la zona sur de Madrid, configurado en torno a la idea de la formación y capacitación de alumnado ayudante en TIC para la implementación de programas de sensibilización, información y formación de grupos de alumnado de menor edad, con especial significación a los alumnos y alumnas del tercer ciclo de educación primaria. El Proyecto, definido como Proyecto de Alumnos Ayudantes en TIC[5], asienta su filosofía y proyección en el modelo de Aprendizaje-Servicio (ApS), una metodología de trabajo que combina en esencia el aprendizaje de conocimientos, habilidades, actitudes y valores con el compromiso social. El ApS, entendido como una propuesta educativa que combina procesos de aprendizaje y de servicio a la comunidad en un solo proyecto bien articulado donde los participantes aprenden al trabajar en necesidades reales del entorno con la finalidad de mejorarlo[6], se desarrolla en torno a tres claves fundamentales (Batlle, R.[7]): (1) El verdadero éxito de la educación consiste en formar buenos ciudadanos capaces de mejorar la sociedad y no sólo su currículum personal. (2) Niños y jóvenes no son los ciudadanos del futuro, son ya ciudadanos capaces de provocar cambios en su entorno. Los casi 4.500.000 de niños y jóvenes en edad escolar que tenemos en España pueden contribuir a hacer un mundo mejor arreglando el parque cercano a su escuela; aliviando la soledad de los abuelos o contando cuentos a niños más pequeños… (3) Hacer un servicio a la comunidad, ayudar a los otros, es uno de los métodos de aprendizaje más eficaces, porque los chicos y chicas encuentran sentido a lo que estudian cuando aplican sus conocimientos y habilidades en una práctica solidaria.

En este contexto para la configuración de proyectos de innovación, el presente texto destina un capítulo completo a una idea y una experiencia, ambas unidas de la mano, y, tal como se ha expresado, en pleno proceso de implementación, con sus dificultades y aciertos, contenidos, materiales y experiencias. Un proyecto asentado también en la noción de buena práctica, esto es, como una intervención o experiencia que, persiguiendo unos objetivos determinados, ha dado con una metodología o procedimientos que resultan apropiados o aconsejables para conseguir unos resultados positivos, demostrando su eficacia y utilidad en contextos concretos. En nuestro caso, los centros educativos.

Nuestra experiencia expone actuaciones concretas, hechos objetivos, materiales, informes de evaluación. Y, por supuesto, flexibilidad, cintura para moverse y adaptarse y ajustarse.  A otros contextos y realidades. Y, muy importante, con prácticamente coste cero, aspecto no poco importante en el momento en que nos encontramos.

El texto, en síntesis, aborda en sus diferentes capítulos aclaraciones terminológicas esenciales; introduce, asimismo, una reflexión sobre la necesidad de educar en alfabetización digital a los escolares más pequeños en nuestras escuelas, prevenir desde el conocimiento, no desde el miedo o la reticencia ante el riesgo; ofrece materiales para la acción didáctica en las aulas. Concreta, también, una propuesta amplia de acciones didácticas a desarrollar por los centros educativos, pautas para la intervención, recursos y referencias novedosas de gran interés, así como referencias jurídicas de especial relevancia para la adecuada lectura e interpretación de responsabilidades y posibilidades de acción en los centros educativos.

Por último, citar con agradecimiento renovado a aquellos que me ayudaron en la elaboración del texto hace tres años. Con sus consejos y apoyo contribuyeron, sin duda, a hacer mejor cualquier propuesta que quien suscribe pudiera haber planteado: en primer lugar, al Defensor del Menor en el momento de la publicación, Arturo Canalda. Y también, a los directores de centros educativos José Antonio Fernández, Santiago F. Gómez,  Laura Lasso, José Antonio Martínez y Manuel Virgil; al Inspector de educación Gerardo del Caz; al Profesor de Universidad Juan Carlos Torrego; a la que fue Jefa de Prensa del Defensor del Menor, Charo González; a la Jurista Marisol Rodríguez; y a los Psicólogos Mercedes Babío, Roberto Durán, Felipe Retortillo e Isabel Yela.

Con especial reconocimiento en esta edición a Jorge Flores y Pantallas Amigas. A los Inspectores de Educación, Estrella Puerta y Francisco Sánchez;  a la Directora del IES “Los Rosales” de Móstoles; a mi ex alumna en el Grado de Magisterio, Carolina Molinero, que ha revisado hasta el último instante el documento. Al Jefe del Departamento de Comunicación del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Javier Martínez. Y, por supuesto, a mis hijos, Pablo y Miguel que me han ayudado y aconsejado en gran medida. Mil gracias  a todos.



José Antonio Luengo Latorre





[3] http://www.diainternetsegura.es/
[4] “Menores de edad y conectividad móvil en España. Tablets y Smartphone. 2014. (p. 5-7).
http://www.diainternetsegura.es/descargas/estudio_movil_smartphones_tablets_v2c.pdf
[5] http://blogluengo.blogspot.com.es/2013/02/proyecto-de-alumnos-ayudantes-en-tic.html
[6] http://www.aprenentatgeservei.cat/ Centro Promotor de Aprendizaje-Servicio
{ � r h�� � //www.aprenentatgeservei.cat/">http://www.aprenentatgeservei.cat/ Centro Promotor de Aprendizaje-Servicio


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