16 de diciembre de 2015

Tengo que mirar... Sobre el Libro Blanco de la Educación



José Antonio Luengo




Tengo que leer, con detenimiento, el Libro Blanco de la Profesión Docente y su entorno escolar. Tengo que mirar y ver. De momento he leído el resumen ejecutivo. Se trata de un texto específicamente relacionado al profesorado, a los centros y sus adláteres. Por algún sitio hay que empezar, claro. Y no tiene que entenderse especialmente desacertado hacerlo por la reflexión sobre las organizaciones, y sus profesionales, en quienes los sistemas depositan la responsabilidad de la escolarización obligatoria y muchas más cosas, por supuesto... 

Parece razonable hablar de la profesión docente. De los profesores y su formación; de los procesos para su selección y evaluación. Y hablando de formación, desarrollar, entre otros asuntos, líneas de comparación con los formatos de formación inicial del que se nutren otros futuros profesionales que acaban siendo altamente prestigiados en nuestro país y fuera de él. O reflexionar sobre la idea del cambio y la transformación de los centros educativos para adecuarse a una sociedad asimismo cambiante. A un ritmo que no siempre somos capaces de gestionar adecuadamente. 

Sin embargo, espero que exista alguna ocasión, un día tal vez, en que pueda iniciarse este debate, al menos en paralelo, apelando a la consideración de la EDUCACIÓN, así con mayúsculas. Y ver si somos capaces de decir algo relevante, y no sé si vinculante, sobre el papel que tienen las sociedades, no solo la escuela, en el complejo proceso del que se trata. Si decimos algo sobre esa experiencia vital tan nombrada de que para educar a un niño hace falta toda la tribu... Si podemos pensar y decir algo sensato sobre el tiempo que esta sociedad de mercado, asentada en principios y prioridades ajenos a las necesidades de la infancia, facilita para que los padres puedan ser efectivamente padres, y no meros cuidadores a tiempo parcial, u observadores de lo que pasa, en no pocos casos.

Quizá podamos hablar, algún día, de cómo ganar tiempo al tiempo para poder ser padres y madres. Y visualizar su vida con tiempo para estar con y tener a sus hijos en las rodillas, mimarles, escucharles, acunarles, hablarles... Sin el inasumible desasosiego, cuando no agobio, por el miedo a perder el trabajo por hacerlo, o quedar subsumido en vía muerta. De padres y madres con tiempo para educar, en sentido amplio. Tiempo. En cantidad suficiente para hacer bien las cosas. Y llegar así a las cotas de calidad que deberían ser exigibles para cualquier sociedad del siglo XXI.

Tal vez exista un momento en que esta sociedad decida abordar, de manera efectiva y definitiva las innombrables propuestas de no pocas programaciones televisivas. Con notable influencia en niños y adolescentes que pasan menos tiempo que el que debieran con sus padres, jugando, leyendo juntos, paseando... Y es posible, también que podamos hacer la necesaria reflexión en torno a la educación en ciudadanía digital, en la que el mundo adulto se mueve alarmantemente de modo torpe. Y no precisamente, ya, porque no sepa o conozca del asunto... Y los niños, claro, mirándonos. Y tomando nota de todo... Porque la EDUCACIÓN es esto también. Especialmente.

Ya en el contexto de los centros educativos, su organización, profesionales, etc., tengo que mirar, más en detalle, si se dice algo, y qué se dice, por ejemplo, sobre las ratio profesor-alumnos. O si contempla la necesaria y profunda reflexión sobre la complejidad de determinados centros educativos, por razón de características de la zona donde se ubican, de su número de alumnos o las características de este en su conjunto... Y, por supuesto, si se habla de los recursos necesarios para trabajar por y para la equidad, atender adecuadamente la diversidad, es decir, dar adecuada respuesta a los que más dificultades tienen, y van a tener. También de si expone ideas razonables sobre la Orientación educativa y de los recursos para desarrollar tan imprescindible función; de lo que se hace y se puede hacer en esta materia (y se debería hacer) en Infantil y Primaria, por ejemplo; y en Secundaria, claro. De si habla de la necesidad de incorporar la Psicología educativa como parte relevante en esa tarea de orientación, que, por supuesto, tiene que se desarrollada también, de forma esencial y prioritaria,  por los tutores de los alumnos, por sus maestros y profesores. Quiero ver si habla de la necesidad de incorporar otros profesionales a los centros aunque no sean docentes, sobre todo a determinados centros, por cuestiones de salud o de necesidad de integración social. 

Y sobre las evaluaciones y los resultados escolares. A ver qué sugiere; y argumenta. Porque los resultados escolares son cosa de todos. Y también, claro, del marco social en que ajustamos nuestras vidas, de los horarios, la necesidad de vivir, sobrevivir. De los tiempos de que disponemos para educar, de los espacios para compartir, para construir, para edificar nuevas ideas, estar con nuestros alumnos o con nuestros hijos. Y de los modelos que les ofrecemos. Modelos de vida, de presencia, de convivencia, de mirada interior y exterior. De objetivos. De valores. De vertebración social, como estructura sólida, solidaria, justa. Ser optimista es difícil, la verdad.

En fin, tengo tarea, leer y pensar. pero da cierta grima pensar que la cuestión de la Educación es, una vez más, relegada, casi exclusivamente, al proceso educativo que se cuece en las aulas, durante seis horas al día más o menos, en torno a 175 días al año... Más o menos.Tal vez algún día se elabore un libro Blanco que hable de la Educación empezando por las responsabilidades que una sociedad tiene, en su conjunto, de educar. Y hacerlo bien. Con tiempo, criterio, recursos y ganas. 

Pero está bien hablar de maestros y escuelas, por supuesto que sí.

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